Por lo mismo, un volumen que se hace cargo del horror que implica la pedofilia, cumple con visibilizar una zona inexplorada, pero necesaria: la mente del criminal. En esta historia, la exposición del deseo pederasta busca exponer la intimidad del sujeto y configurar las rutas mentales que lo llevan a cometer sus delitos: no es un monstruo, es un ser humano cualquiera capaz de las peores aberraciones.
Maivo Suárez escribe con precisión, demuestra oficio y una robustez estilística importante. Imposible no señalar que se trata una novela fuerte, que consigue remecer y con ello promover discusiones que salen de la literatura. Con ello la autora retoma una de las funciones esenciales del realismo literario, mostrar y reflexionar sobre aquello que la sociedad no quiere ver, aunque escandalice.
Patricia Espinosa sobre escribir acerca de la pedofilia.
miércoles, 13 de agosto de 2025
Mostrar y reflexionar sobre aquello que la sociedad no quiere ver
martes, 12 de agosto de 2025
Narramos, pero no juzgamos, crítica de Patricia Espinosa a Telepunga
La autora declaró que este libro lo escribió mucho antes que Las heridas. La distancia se deja ver con fuerza, tanto que el desastroso paso dado en 2021 podría quedar atrás. Telepunga es un conjunto de narraciones que revelan seguridad en la escritura, una estética que logra articular inocencia y perversión y, en especial, pocas ganas de hacer concesiones.
Es así como los relatos van construyendo un modo de enfocar la realidad donde tiene más relevancia el tono de ingenuidad de sus personajes que explorar en los derroteros del mal. Es como si existiera en ellos una fractura profunda que no deja ver la depravación que esconden. Esto significa que vemos una capa externa, pero poco a poco van apareciendo indicios de una fuerza capaz de satisfacer los deseos a costa de todo, sin freno de ningún tipo.
La violencia es siempre el vector que desata la acción, una energía maldita que pulsa por materializarse en los cuerpos y las voluntades. Pero hay algo más: estas narraciones desenfocan el porqué llegaron a comportarse así, permitiendo que surja un aire inquietante, una atmósfera que resulta común, reconocible, o si se quiere, normal. Esto en algún momento se quebrará, generando un contraste violento entre lo gentil y lo perverso.
Las 11 narraciones se estructuran, en su mayoría, en torno a un/a personaje inserto en una situación sencilla, asociada con trabajos mal pagados, becas míseras, relaciones amorosas quebradas y tormentosos vínculos familiares.
Tres relatos abren el volumen y nos sitúan en territorios de infancia y adolescencia. En “La escopeta”, un padre violento impone su masculinidad a un niño que está mostrando conductas inquietantes. “Miss Lola” expone a una chica que descubre que el poder y el mal en los adultos van de la mano. “Cuarto medio” se refiere a un adolescente que de testigo pasa a ser cómplice de un acto brutal. En todos estos relatos, los pactos de silencio para resguardar algún orden establecido pesan mucho más que la justicia o la moralidad.
“Trenes” es uno de los mayores aciertos del volumen. También tiene a una niña como protagonista, situada en un hogar precario, donde la madre sostiene la casa haciendo costuras. Un abuso sexual narrado de una manera brutal logra generar un estado de degradación que parece no tener escapatoria. De igual manera, el relato se enfoca con rudeza en la pobreza y la miseria que atrapa cada vez con más fuerza a la madre. A pesar de un desenlace que daba para más, no cabe duda de que Uribe consigue dibujar de manera impecable una escena donde se impone un destino aciago.
Una segunda línea de personajes, además de las infancias, es la de parejas heterosexuales. “La posta” es un relato que presenta a una mujer de clase acomodada que siente la necesidad de vincularse con “otros”. Con un comienzo muy esquemático, especialmente por el simplón contraste entre la cuica y la chica de población, el cuento se logra sacudir del forzamiento inicial. Un accidente callejero permite a la cuica Paula conocer a una joven y a su grupo de amigos, sintiendo una complicidad enorme con aquellos marginados. El foco siempre está en Paula, mostrando su benevolencia de manera constante. De ahí en más, la tensión radicará en si es posible sacudirse el clasismo o si todo no fue más que un entusiasmo pasajero.
En “Nos quedamos a solas”, la protagonista, una mujer acomodada, vive un mundo paralelo al de su compañero, más aun ella siente fascinación por lo marginal. Una mudanza le da la oportunidad de conocer a personas provenientes de un mundo distante. De ahí en adelante se desata en ella una inclinación por las corporalidades imperfectas, incluso monstruosas, pero seductoras. En apariencias se trata de algo simple, ella es capaz de encontrar belleza en aquellos que supuestamente no la tienen. La atracción sexual refuerza un historia donde necesitamos saber qué tanto esta dispuesta a correr los límites. ¿Contradiscurso a favor de la diferencia o simple deseo inconfesable? La mezcla entre lo erótico y una base cristiana otorga al relato un espesor muy interesante.
Siguiendo con las parejas hetero y lo perverso, un punto alto resulta ser “Casa de muñecas”. Una historia muy bien armada donde una trama de indicios resultan capitales para el desarrollo de la acción. Una pareja joven y consolidada visita una casa de campo de la familia de ella. Uribe elabora una masculinidad con dobleces oscuros, dirigidos a una pequeña, prima de la pareja del hombre. El aspecto más turbio en este relato no solo es el deseo del hombre por la niña, sino que la posible atracción de la pequeña hacia el sujeto. El volumen nos enfrenta a uno de los argumentos más sucios usados por los pederastas: son las víctimas las que provocan a los hombres, quienes, como mansos corderos, no hacen más que seguir la ruta del instinto masculino, prácticamente obligados por una suerte de malignidad seductora propia de algunas infancias.
Hacia el final del volumen, se incluyen dos relatos que se desvían del conjunto. “Solo para argentinos”, que aborda la estadía en el país vecino de una becaria chilena, desarraigada y falta de cariño, es fácilmente prescindible por su falta de energía para salir del cliché.
Este mal paso se compensa con “Telepunga”, que da título al libro. Un gran relato. Veloz, contingente, con una crítica social despiadada al trabajo precarizado y una protagonista ladina, con humor, entusiasta, pese a la enorme cantidad de infortunios que le toca pasar. El personaje central trabaja en una pizzería donde impera el descalabro. Son comunes el robo hormiga, el maltrato laboral, las amistades entre los trabajadores, las malas jugadas y los enamoramientos. La narración, cargada de un lenguaje coloquial y una mirada burlesca, reserva un sobrecogedor y cinematográfico desenlace, donde se revierte todo sesgo carnavalesco.
Arelis Uribe ha elaborado un conjunto de relatos destacables en su desenvoltura al momento de elaborar una crítica social y construir personajes excluidos por el sistema. El mayor acierto del conjunto está en la configuración de aquellos sujetos/as que contienen una crueldad larvada, canalizada en impulsos irrefrenables, donde el otro no es más que un instrumento de autosatisfacción. El intento de narrar sin juzgar resulta valioso, porque se sacude de moralismo y deja al lector/a la decisión de enjuiciar. Telepunga, en última instancia, es un enorme paso en la escritura de la autora.
viernes, 8 de agosto de 2025
La foto misteriosa
Algún día, sobre ella escribiré:
https://www.facebook.com/espejo.comunicaciones.7/posts/pfbid02JEE8f5RZBHaFBjTiGCuiKxbae1Wo1HY1e3dUQ9AurKxYLA114t3WcXtdLfDSDUYsl
Actualización: Williams Alegría, un instagramer, dice que la autora es Christine Weibel, fotógrafa suiza y que la foto misteriosa es a unos niños en Machu Picchu, en 1976.
Dice ECTV Canal 3, canal comunitario de Lo Espejo:
https://www.facebook.com/espejo.comunicaciones.7/posts/aclaraci%C3%B3n-importante-sobre-fotograf%C3%ADa-difundidaen-una-publicaci%C3%B3n-reciente-comp/1084438920330318/
ACLARACIÓN IMPORTANTE SOBRE FOTOGRAFÍA DIFUNDIDA
En una publicación reciente compartimos una imagen con el título “Niños Mapuches, 1930, Revista Life”. Sin embargo, hemos recibido la información directa de la verdadera autora de esta fotografía, Christine, quien gentilmente nos ha aclarado que no se trata de niños mapuches, ni la imagen fue tomada en Chile, ni pertenece a 1930.
La historia real es la siguiente:
En 1976, Christine realizó un viaje por Perú, Bolivia y Chile junto a dos amigos. Durante una caminata por el Camino Inca hacia Machu Picchu, en Perú, captó esta imagen de tres niños muy pobres frente a una vivienda humilde.
Tiempo después, ya en Suiza, la fotografía fue utilizada —con su consentimiento— por una organización solidaria para la producción de postales y carteles, cuyos ingresos fueron destinados a apoyar a familias de personas perseguidas políticamente durante la dictadura de Pinochet en Chile. El cartel incluía la frase:
El bienestar de los ricos del mundo se basa en esta situación.
Estos niños la sabrán cambiar.
Ediciones © América Latina
Christine enfatiza que:
Ella es la autora legítima de la fotografía, reconocimiento respaldado oficialmente por el Ministerio de Cultura de Cuba.
Desde la mirada actual, no volvería a usar imágenes de niños con fines políticos o de recaudación, pues los menores no deben ser instrumentalizados con fines comerciales o ideológicos.
Su intención hoy es únicamente aclarar la autoría y corregir el uso indebido y fuera de contexto de esta imagen.
Agradecemos profundamente a Christine por su contacto y por permitirnos rectificar esta información, reafirmando nuestro compromiso con la **verdad histórica, el respeto por las personas retratadas y el reconocimiento de los derechos de autor**.
📷 Fotografía tomada en 1976, Camino Inca, Perú. Autora: Christine.
