sábado, 21 de febrero de 2026

He leído una cantidad vergozosa de libros

Me registré en gooreads.com y me di cuenta de que he leído una cantidad vergonzosa de libros. Cuando chica leí el mismo cuento una y otra vez, que es El Gato con Botas, entonces hasta como los diez años sólo había leído un maldito libro. Descontando a Papelucho, La Tortilla Corredora y otros enanos de la editorial Zig-Zag. Aunque se puede considerar a Anthony Brown como una excepción, él fue el primer ilustrador que me gustó en la vida y que descubrí como a los 7 años cuando en vez de salir a recreo fui a la biblioteca de mi colegio a mirar libros porque en mi casa no había. En fin. Hoy me di cuenta de que desperdicié toda la adolescencia leyendo libros malos que me daba mi profe de lenguaje, como Sobredosis de Fuguet, los mamones de José Luis Rosasco y todos esos misóginos de Cuauhtemoc Sánchez. Así se me pasó la vida hasta los 18, leyendo entremedio una que otra cosa buena, como a Aldous Huxley, pero con un alto índice de lecturas malas, influenciadas por el gusto de best seller que había en mi casa. Entonces de Luis Rosasco me pasaba a Isabel Allende o Paulo Coelho y esa clase de tragedias. Menos mal a los 18 estuve en esos talleres de la Zona de Contacto y conocí gente que me recomendó libros que al menos yo no tenía idea que existían y resultaron buenos. Ahí conocí a Kerouac, Bukowski o Irving. Me leí los cuentos que la Zona había publicado también, que no eran la raja, pero al menos tenían buenas frases y no eran textos de autoayuda camuflados. En la U la curva siguió en ascenso, porque ahí aparecieron puros compañeros ñoños con los que comentábamos libros, películas y todas esas cosas que debí haber experimentado a los 15 y no a los 20. Además, coincidió que me puse a pololear con Paredes y cuando fui a su casa casi me caí de poto cuando vi todos los libros que tenían. Nunca había visto una casa con tantos libros y me quería morir de lo ignorante. Lo bueno es que era una fuente inagotable de exploración. Ahí leí a Saramago, a Orwell y a Quino. Lo otro es que la Usach estaba al lado, al lado, al lado de la Biblioteca de Santiago, entonces igual iba harto a echar mano allí. Los libros que me dieron para leer en la U tampoco fueron malos. Leí a Capote, más de Bukowski, a Miller (que odié en verdad), a Greene, a José Donoso y a Radrigán. Buena igual po, leer literatura entremedio de libros fomes de Teoría de la Comunicación. En paralelo, también me compraba libros como en abstinencia, como para ponerme al día de todo lo que me faltaba. Una sensación que todavía no se me pasa. Para más remate, como soy enferma de ñoña, todo el semestre que me fui a Argentina en el 2010 no leí nada de literatura -sólo los Detectives Salvajes (mi libro favorito, por lejos), Las Venas Abiertas de América Latina (hay que hacerlo algún día) y Rayuela (otro bacanoso adolescente)- y puro me dediqué a estudiar en serio la bibliografía de los ramos. Igual quedé seca en Perón y en historia de Argentina, pero na que ver po. El placer por sobre el deber debería ser mi lema, pero no es. Después en el 2012 y 2013 fue lo mismo mientras hice el magíster. Puro leí Foucault, Ranciére, Mouffe, Arendt, Platón y esos textos cabezones pero buenos de los que una aprende pero que no son literatura ni relatos bonitos. Igual entremedio leí a Paul Auster, Joseph Conrad y Zambra; y un profe de filosofía para un ramo me recomendó leer a Pablo De Rokha y a Margueritte Duras, pero sigue siendo insuficiente. En fin, entré a ese sitio goodreads.com y cuando me puse a llenar la lista de libros que ya leí, por la cresta me dije, qué pocos libros que he leído esto es vergonzoso. Son un poco más de cien, como 130, en diez años más o menos. Y de ahí diez son unos horrendos que mi profe de lenguaje de la media me hizo leer. Nada po, estoy con depresión por lo horriblemente ignorante que soy y porque parece que nunca voy a leer esos otros 50 libros que tengo por leer y que marqué en la paginita. Si he leído 130 en 10 años, es como un libro al mes, así que esos 50 libros los terminaré en unos cuatro años más. Caleta po. La vida es demasiado corta para tanto libro bueno por la chucha.

*Añadir la palabra "callamperamente", María, Borges, García Márquez, por mi cuenta.

lunes, 16 de febrero de 2026

Ser periodista no es ser escritor

Zambra dice que es escritor el que escribe, como asesino es el que mata. Bolaño, que escribir es como un torrente que te vuelve loco, que te posee y necesitas vomitar para mantener la cordura. A mí me pasan las dos cosas, pero jamás estaría a la altura de ninguno de los dos. No soy tan punk, no pienso tan bien, no he leído lo suficiente.


Anoche pensaba que ya son diez años escribiendo. A los 18 tomé esos talleres de la Zona de Contacto, ahí también empecé un blog y a escribir. Mal, con faltas de ortografía y sin ritmo, pero escribía. Quizá mucho más que ahora. A la fecha, yo creo que he escrito como trescientos textos. De esos, cien artículos han sido públicos. No sé si ese número es mucho o poco, más allá de la cantidad, con la calidad no estoy nada conforme. No me enorgullezco de más de diez textos. Los demás, me parecen vómitos sin filtro y con una voz que ya no es la mía.

A veces releo cosas que escribí hace apenas un año y no me reconozco. Escribía mucho peor, con una voz más odiosa, más cursi. Más mala, al final.

Anoche, también pensaba que ser periodista no es ser escritor. Trabajar en emol o en una agencia de noticias y escribir usando moldes previos y siguiendo la corriente y la costumbre de cómo se hacen las cosas en las salas de prensa no te convierte para nada en escritor. Mucho menos hacer críticas musicales a eventos, tratando de emular un tonito de periodismo gonzo, diciendo malas palabras y siendo picao a gringo. Escribir sobre cosas "cool" no garantiza que el periodista lo sea. Mucho menos garantiza que escriba bien.

Alguna vez caí en lo mismo y escribí pura mierda suponiendo que era buena mierda. Ya no podría hacer lo mismo. No rescato lo que hice en la Zona, ni lo que envié a blogs durante el 2012. Algunas cosas de Noesnalaferia sí destaco, como la lista de música pop que habla de la lucha de clases -uno de mis textos favoritos de la vida-, el texto de los peruanos y la carta al facho pobre, aunque este último más por lo que ha pasado alrededor del texto que por lo que él significa en realidad. También me gusta el tirón de orejas a los community managers que publiqué en El Quinto Poder.

De la vida de periodista, los únicos textos que me enorgullecen son los tres que publiqué en The Clinic papel. La historia del colombiano fanático de Chile, la del muñeco de Chávez y la entrevista a Hernán Miranda. Aunque son pocos textos, refleja un estilo que me gustaría defender: la historia excepción, atemporal y no masiva. Creo que es mucho más fácil entrevistar al personaje del momento y golpear por el marco de la agenda, que encontrar una historia nueva e inesperada. Caparrós decía que el buen escritor era ese que encontraba historias en la cuadra donde vivía. Me gusta pensar eso.

A mí nunca se me ha hecho fácil escribir. Me cuesta un mundo organizar las ideas y a veces he escrito mamarrachos que no son dignos de publicar ni siquiera en mi propio blog. Pero hago el intento. Aunque se me hace difícil, me gusta y hay veces en que no descanso hasta que no escribo ideas que me persiguen. Malas ideas en malos textos que después de haberlos escrito me hacen sentir muy bien.

Lo charcha de toda esta reflexión es que en diez años apenas he escrito diez textos realmente buenos. Eso es un poco deprimente. Lo que sí es feliz es que noto una evolución, una mejora. Dicen que Borges escribió sus mejores textos en la adultez y que Bukowski no publicó poesía hasta los 40 años. Quizá la literatura -en su amplio sentido- no es como las matemáticas, donde las mentes jóvenes son las que hacen los descubrimientos más brillantes. Escribir es, probablemente, una tarea de largo aliento, que necesita experiencia y muchos tropezones para salir bien. Muchos tropezones y mucha lectura, también.

Del blog viejo, 16 de febrero de 2014

miércoles, 11 de febrero de 2026

Nunca seré tu madre, poem in progress by Arelis Uribe

Nunca seré tu madre,
nunca usaré vestidos maternales
ni escucharé los latidos de tu corazón
en una ecografía en blanco y negro.
Nunca pariré en cuclillas,
ni contaré los deditos de tu mano
para cerciorarme de que naciste completa.
Nunca cambiaré tus pañales,
ni trituraré tu papilla de verduras,
ni te bañaré ni te calentaré la mamadera. 
Tu madre nunca seré,
ninguna vez te llamaré hija,
tu pelo no será trenzado entre mis dedos.
No pasaré a buscarte al colegio
ni gritaré contigo al viento
la reivindicación histórica del feminismo.
Quizá te lea cuentos en voz alta
y te cante canciones que no son de cuna
antes de irnos a dormir.
Te abrazaré cuando estés triste,
te consolaré con añuñucos tiernos
y te invitaré a una cerveza.
Quizá vengas a mis fiestas de cumpleaños
donde discutiremos la dialéctica marxista,
pero nunca seré tu madre.
Mi cuerpo no se deformará por parir un hijo,
mis tetas no se caerán por amamantar una guagua.
Esta cara desalineada por la pobreza
y arrugada por el tiempo
nunca te mirará con ojos maternos
porque jamás una madre seré.
Déjenle esa tarea a las mujeres despistadas 
o demasiado poderosas.
No a mí. No a una enclenque hormiga latinoamericana.
No a la hija de una mujer que jamás debió parir.

viernes, 6 de febrero de 2026

Poetry notes

¿Cuánto aguanta un cuerpo?
Me hace perder el hilo de mí misma.
Te siento pasar por mí como un doloroso fuego.
No presupongas, da lo mejor de ti, sé impecable en tus palabras.
La crítica, justa o injusta, no es de temer.
La forma de los rayos en el cielo, de las ramas expandidas de los árboles, de los ríos tanteando su cauce, de mis venas reptando por mi cuerpo.
Torcido, quebrado, nunca recto. 
Solo me halla quien me ama.
Cuando estaba triste las plantas eran esperanza porque siempre crecen pa arriba. 
Me va a hablar cuando esté lista para escucharlo. 
¿Por qué no te da miedo? Porque somos muy jóvenes para estar muertos.
El día de mi suerte. 
Lo raro es lo normal, la fiebre es la saud, el veneno es la comida.  
Un oceano vaciado sin misericordia.
No hay nada que espante más a las moscas que el fracaso.
La vida transcurría normal, parecía mentira que se estuviera resquebrajando. 
Que recupera su aspecto de perro cansado.
El destino de la memoria es el olvido. 
¿Ves como los barcos iluminan la luna sobre el mar?
Mi hermana es mi madre, porque mi madre es una abuela y mi abuela es mamá.
Un pájaro negro me saluda.
Sentir el peso de la distancia
en la espalda, las piernas las rodillas. 
Contar los días sin hablar como una condena. Enfermarse del espíritu. Haciendo fuerza para despegarme de ti. El recuerdo llega como un azote de corriente. Un animal salvaje en el pecho. 

Mapu speaking

Changles y loyos. Los jovenes son más de accion directa, combativa, gente que migró del campo a la ciudad, que se apatronó, tienen otra vida, otro pensamiento, Que son víctimas del sistema. Que el papá cruce el río, él al hombro del papá, le piden permiso al río para cruzar y al roble para tomar dihueñes. El Rigo. Acampañar. Ir a buscar agua pa todos al pozo. Traile. Miltrin. Esto es quila. Enmurtillado. Tranca. Vi cuadrillas de perros. Si hay quila hay agua. Colihue es la quila. Pan de pueblo. Winka cosque. Las distancias son monumentales. Chao, parienta. Maqui, nalca. May (ya, bien). Tomé lawen. Pa ir a leer a la isla. Boldo, hoja áspera, porosa y aromática. Coihue: hoja pequeña y dentada. Hediondo a eucalipto. Cada cierto rato, un puente, un estero. Caballos y vacas pastando. De a poco la cima del Rukapillan. Albatros. Volcán atrás tutelando el viaje. Raulí, ciprés. Ñen ruka, dueña de casa. Rogativa que vuelva la lluvia. Trafkintu. Mañum por estar acá. Indagar en mi impureza. Tú pareces mucho india. Mi mamá partió. Hablaba esas cosas. No quiso enseñarle mapu porqie le pegaban la lastimaban, no pudimos aprender la lengua porque no la sabía, por eso rescatar lo que más podíamos lo mapuche. Los d ela ciudad somos parte nos sentimos. Es algo que nos quitaron, no fuimos culpables. Pa que no sufriéramos lo que ella. Mucha discriminación. Sentí que algo me faltaba, raíces indígenas por abuela, aprendiendo el lenguaje, algo nomás sé. Hablo divertiío nomás se ríen las hermanas mapuche. Trabajo de que tengo uso de razón. Fui maltratada de mi familia. Salí huyendo. Era muy castigadora mi madre. Aquí estoy como un roble. Tenemos ascendencia mapuche. Los coligües. Tullido, veranada, hacer adelanto. Nace muchos esteros. Esta tierra era de mapuche. La tierra de que fue mundo. Aquí viene malo. Cualquier cantidad. Le pedimos que protege. Güelven. Nosotros quedamos acá nomás. Ayer, hace cinco años, diez, veinte, este año, el que viene. Tierras con aguas. Las antiguas. 

En mapudungun puedo nombrar el agua, el viento, la tierra.
En mapudungun puedo llamar a las montañas
Y entender el mensaje de los arcoíris.
Si hablara mapudungun,
Podría entender la tormenta como una respuesta
Y la salida del sol
Como el origen de la vida.