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domingo, 27 de octubre de 2024

Borges, jurado concurso literario La Nación, 1963


13) Perplejidad sintáctica

14) Mejor que otros pero insensato
15) Inepto y escolar
16) No
17) Tampoco
18) Autóctono y prescindible
19) Superior a los anteriores
20) Malo, malazo
21) Curiosa ortografía
22) Irresponsable rimador
23) Caótico
24) Patriótico, más ilógico
25) Ilustrado y pésimo
26) Preocupado con cabello, no logra el acierto
27) Inepto
28) Incoherente
29) Enérgico y tosco
30) Feble
31) Enfático y agrícola
32) Vana, entusiasta y ridícula
33) Misterioso y estúpido
34) Acaso atendible



domingo, 8 de septiembre de 2019

Borges y yo

Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo xviii, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Seria exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mi podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar.

Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro.

No sé cuál de los dos escribe esta página.