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jueves, 21 de mayo de 2020

Año de gracia, Hernán Miranda

Con cuatro tubos metidos en su cuerpo
Uno para su nariz,
Otro en la boca,
El tercero para sus funciones naturales
Y el cuarto para sacar lo que hay en su estómago
A los veinte días del venturoso mes de noviembre
Del Año de Mil Gracias de 1975
Y faltando 20 minutos para las 5 de la mañana en Madrid
Ha muerto lo que quedaba de Franco
Mientras en toda España a prisa cantaban los gallos.

Este segundo hijo tuyo, esposa mía (Hernán Miranda)

Este segundo hijo tuyo, esposa mía
Esta segunda esperanza
Esta cosa viva que crece  pese a  todo allí dentro
Vivirá por  el poder sin límites
De este tenaz,  exiliado amor.

Este segundo hijo tuyo, grávida mía
No morirá a la quinta jornada
Ni habrá que enterrarlo en un pequeño ataúd blanco
Ni caminar llorando otra vez por entre tumbas recién abiertas.
Este segundo hijo vivirá y correrá bajo el sol.

Este segundo hijo tuyo
Esta palpitación que pertenece al futuro, vivirá
Porque habrá compartido antes de nacer
Tu fe y la mía
La ternura de un indomable, cotidiano
Sobresaltado amor.

Tenacidad de lluvia o de musgo
Que renace con la primera llovizna
Este segundo hijo vivirá y correrá bajo el sol.

Y aunque no lo quieran los tiranos
Y suenen cerca las sirenas
Aunque las cárceles y los estadios
Los teatros, las escuelas
Se llenen de caras conocidas, todo sirva de cárcel
Y veamos tras las rejas amigos
Con los que un día uno cruzó una palabra, un saludo
Gritó al mismo tiempo una consigna
Se abrazó en días de júbilo o de luto.
Por esos rostros amigos
Que ahora sólo viven en la memoria
Esa cosa de tu vientre vivirá.

Ese segundo hijo tuyo, esposa mía
Sabrá algún día que nació en tiempos de excepción
Cuando la tortura era una política de Estado
Y el Estado de Sitio un todopoderoso Señor.
Sabrá que su madre lo llevaba dentro del vientre
Y que con él entraban ideas prohibidas
Con la tinta todavía fresca
A lugares donde el control no quería
La vida de las ideas.
Amada mía: tu segundo hijo vivirá
La muerte será vencida una vez mis por la vida
Y el hijo de este amor correrá bajo el sol.

martes, 19 de mayo de 2020

A nadie daré una droga mortal, Hernán Miranda Casanova

Aquí estoy solo con mis pócimas, mis escalpelos,
mis uñas rotas, mis salpicaduras.
Aquí con mi intranquila conciencia.
Aquí con mi mundo perturbado.

Aquí, con mi cadáver desnudo sobre el mármol
y el tiempo que aquí debería ser abolido.
Somos los mismos. Los que tuvimos un día
la capacidad de asombrarse.

Cartílagos solo hay, solo huesos.
Debo suturar desgarros que yo no produje.
Debo hacer coincidir las piezas de un cráneo.
Soy demasiado humano para vivir en paz.

Pero quién se sonreirá por ti algún día.
Pero quién repetirá después las cosas que tú dijiste.
Pero quién cometerá tus mismos errores.
Pero quién asumirá tu desencanto.

Morirse pero contemplar tu propio funeral.
Pero huir y ser testigo de tu fuga.
Pero perderse y participar en tu propia búsqueda
Pero se trata de estar aquí y en otras partes.

Pero yo soy un cirujano fiel a su juramento
y seguiré cortando tendones, removiendo las vísceras
sin lograr ver en ellas el futuro
y a nadie daré una droga mortal.