Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadie con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca. Ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadie la llamen, aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadie: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadie: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos.
Que no son, aunque sean. Que no hablan idiomas, sino dialectos. Que no profesan religiones, sino supersticiones. Que no hacen arte, sino artesanía. Que no practican cultura, sino folklore. Que no son seres humanos, sino recursos humanos. Que no tienen cara, sino brazos. Que no tienen nombre, sino número. Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local. Los nadie, que cuestan menos que la bala que los mata.
No sé si me gusta Galeano, porque defiende el fútbol y mucho, muchísimo, a Chávez. A Chávez hay que defenderlo en la justa medida nomás.
Sí me gusta este poema que duele mucho. Es la definición de lo que me hace doler el mundo.
También me gustó Las Venas Abiertas de América Latina. Después de leerlo, quedé con una sensación rara, como de agradecimiento -no sé a qué- y de orgullo por no ser rubia ni tener apellido alemán o español cuico. Me daría vergüenza ser rubia y saber que tengo algún tipo de vínculo directo con los amos de la violencia original en Latinoamérica. Me daría vergüenza tener algo que ver con los violadores ancestrales que le hicieron doler toda la piel morena a aquellos a los que me parezco más, por ser chola.
La verdad, no estoy segura que este poema sea de Galeano. De repente es de esos apócrifos sin autor. Lo bueno es que éste, a diferencia de ese bodrio de "Momentos" achacado a Borges, es un buen texto.
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