miércoles, 28 de mayo de 2014

Humberto Maturana y el aborto

“Si uno quiere defender la vida ni siquiera debería tomar antibióticos, porque las bacterias son seres vivos. Hablar de la defensa de la vida,en general, es una mentira, porque los seres vivos vivimos de comernos a otros seres vivos. ¡Todos! Yo creo que lo que uno debe defender, si se quiere defender algo, es al ser humano en su vida íntegra. Y un embrión no es un ser humano. El ser humano surge en el momento en que se establece la relación amorosa entre la madre y ese ser que está creciendo en ella. Si esa relación na se establece, no hay ser humano”.

“Considero que el aborto es una medida extrema, que las mujeres adoptan porque es necesario para sus vidas. Para mí, es una acción legítima que ella o la familia decidan perder un bebé que no desean. Es un embrión destinado a sufrir la negación, porque no se le quiere. Y se hace más daño teniendo un hijo a la fuerza que no teniéndolo. Ahora, decir que el aborto es legítimo no me inhabilita para señalar que, en el fondo, es un acto sagrado, porque es una vida por otra vida. No estoy recomendando el aborto; lo que sí me parece es que las personas tienen que tener los conocimientos y el entendimiento para decidir consciente y responsablemente. Y quien debe decidir, por supuesto, es la mujer, porque se trata de su vida y de su cuerpo”.

http://www.sentidoscomunes.cl/humberto-maturana-el-aborto-es-legitimo-2/ 

Nicanor Parra: jóvenes, escriban

"Jóvenes, escriban lo que quieran, en el estilo que les parezca mejor. Ha pasado demasiada sangre bajo los puentes para seguir creyendo -creo yo- que sólo se puede seguir un camino".

martes, 27 de mayo de 2014

Escribe como si te fueran a matar mañana

Le preguntan a Juan Radrigán si piensa en sus lectores cuando escribe, y él dice:

"No me pregunto si le va a gustar o no, porque si fuera así, entonces no podría escribir. Y la escritura tiene que ser sin trabas. Por eso yo le digo a mis alumnos que escriban como si los fueran a matar mañana, o sea, sin temor a nada y con completa libertad. Si los fueran realmente a matar ¿qué van a perder? y es así como creo yo que se tiene que escribir".

Escribe como si te fueran a fusilar mañana, sin miedo a dar explicaciones después, sin miedo al qué dirán porque siempre alguien dirá algo malo. Escribe como si fuera el último día de tu vida, escupiendo todo, sin guardarte ningún pensamiento. Cuando escribas, desgárrate, sácate las tripas en el papel, entrégalo todo como si no hubiera otro momento para hacerlo. Escribir sólo vale la pena cuando se hace desde el desangramiento. Si no hay rock, si no hay épica, entonces no hay nada que decir, no hay razón para escribir. El que tiene miedo que se dedique a otra cosa.

Sólo me he desgarrado dos veces.

Aquí (Cuarto Medio).

Y aquí (Carta a un facho pobre).

Eso sería lo más verdadero, hasta ahora. Todavía puedo desgarrarme mucho más.

sábado, 17 de mayo de 2014

Díganme que escribo bien

Hace diez años que salí del colegio, del mismo colegio de Cuarto Medio. Es curioso que cuando se cumple una década, ese colegio empieza a salir en la tele. Me ha servido para reflexionar caleta sobre las diferencias entre las arolas del 2004 y la del 2014. En diez años han pasado ene cosas.

Si alguien ve Cuarto Medio, puede ver a la legua que se trata de un colegio en el que estudian jóvenes con la pobreza material y cultural en contra, pero con harta garra y agallas. Yo era matea y lo matea me llevó a la universidad y ahora a hacer un magíster. Yo creo que ése es mi único mérito, lo demás es conspiración del contexto: tener un papá que, aunque separado de mi mamá, siempre me apoyó con plata; tener una mamá que todos los días me dijo que tenía que ir a la universidad; tener antecedentes en la familia de lo distinta que era la vida entre tener un título universitario y no tenerlo.

Además de todo eso, lo que me "salvó" -odio cómo suena eso- fue El Mercurio. Es raro decirlo, pero es cierto. Cuando salí de cuarto medio y el puntaje no me alcanzó para una carrera y una universidad que me convencieran, hice preu un año completo. Mi mamá me tenía paciencia, pero mi papá siempre fue como frío -hasta ahora lo es- con todo lo que respecta a mis logros, metas o proyectos. En paralelo, mi vida era más bien fome: mi mamá trabajaba todo el día y mi única utilidad era hacer el aseo en mi casa y cuidar a mis hermanos chicos. Siempre fui matea y me sacaba buenas notas, pero nunca me destacaron un talento particular, salvo limpiar bien la cocina.

En eso estaba cuando escribí un texto para postular a los talleres de la Zona de Contacto. Cuando quedé y cuando el editor me dijo que escribía bien y que por eso estaba allí me di cuenta de que servía para algo. Ir a esos talleres y sentirme valorada por un editor fue un salvavidas, una mano amiga, un puente a otra cosa y todas esas metáforas cursis y repetidas. Por fin alguien me decía que servía para algo específico. Desde ese momento, a mediados del 2005, me obsesioné con una única idea: quiero escribir bien. Quiero que cuando alguien piense en mí, piense en alguien que escribe bien. La idea me acompaña siempre, la pienso todos los días. Si hay algo que deseo que la gente piense sobre mí es eso: que escribo la raja, que tengo una muy buena pluma.

Hasta ahora, me he esmerado en pulir ese estilo, trato de leer mucho y de escribir más. La práctica hace al maestro, dicen. Pero me falta. Siempre que pienso que llegué a un buen nivel me doy cuenta de que todavía necesito seguir aprendiendo. Pero los elogios me mantienen viva. No hay nada que me haga más feliz que leer comentarios como "excelente redacción. Te agradezco la buena pluma, cada vez más difícil de encontrar en los blogs" o "Tienes una gran pluma y te digo que soy una lectora compulsiva de columnas". De verdad, la persona que me diga que escribo bien se gana toda mi simpatía, aprecio y afecto.

Mi talón de quiles es que me digan que escribo bien. Díganmelo y me entregaré como una gatita sumisa.