Envié "Quiltras" al concurso de cuentos de la Revista Paula sin ninguna fe. Al mes, me llamaron para decirme que quedé finalista. No sé qué pensar de eso. No sé si realmente refleja algo -¿talento, pasta, suerte?- si significa que debo seguir escribiendo o qué.
Hay días en que creo que sí, que algo bueno puede salir de todas las horas que le dedico a la escritura, sentada sola en el living de mi casa mientras tomo litros y litros de té. Otras veces, leo a Zambra o a nuevos escritores y escritoras que se me aparecen -como Romina Paula, grosa- y quiero abortar misión porque es imposible escribir así, porque escribo como un simio al lado de ellos y ellas. Me duele escribir, me hace sufrir, me quiero matar cuando no escribo lo suficientemente bien.
Aunque he recibido piropos -ja, elogios, querrás decir- bonitos, como el que me dio una escritora con el que hice un taller de cuentos este 2014. Le envié un mail con el borrador de cuento que trabajaba en su taller, y me respondió esto.
"Arelis. te mando el cuento revisado, para que no se me vaya. Me gusta mucho mucho. El tono especialmente, o la voz. Que es mucho. Solo creo que hay que trabajar el final. Hoy lo vemos. Mientras tanto algunos comentarios sigue escribiendo. Mándalo a algún concurso cuando esté OK. Cariños".
Le hice caso, participé en un concurso, pero no con el que trabajé en su taller. Cuando supe de la nominación, le escribí para contarle. Ésta fue su respuesta.
"¡¡No sabes cómo me alegro!! Creo que eres talentosa y punto. Entre las otras finalistas está María Paz Rodríguez, editora. Háblale de mi parte. Tu cuento bien podría ser publicado en Ebooks Patagonia que ella dirige. Arelis, me interesa cómo puedas seguir en la literatura. Por favor no te pierdas. ¡Salud!".
Cuando me achaco, me gusta leer comentarios como éste. Supongo que la vil condición humana es buscar permanentemente el reconocimiento de los pares. En especial, de personas que admiramos y respetamos. Al final todo es cuestión de gustos y lo que yo hago puede que le guste a alguna gente y otra lo encuentre una reverenda mierda. Esa incertidumbre de inseguridad es lo que me revienta, lo que me tortura a la hora de escribir. La imposibilidad de saber a ciencia cierta si lo que hago es bueno o no.