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domingo, 14 de junio de 2026

Patricia Espinosa y la literatura, extractos de entrevista by Fran Palma

Mi propuesta se vincula con el rechazo al canon, entendido como clausura. Entiendo el canon como representación de la episteme patriarcal y neoliberal que expulsa o anula la potencia de escrituras otras. Eso me llevó a construir un pequeño tramo de las escrituras poéticas de mujeres. Un mapeo que diera cuenta de un trabajo parcial, abierto, la muestra de una parte de las producciones de cada autora, ampliable, sujeta a posibles movilizaciones de orden estético—político.

Tal como señalo en el prólogo, no hay un afán jerárquico, pero sí perspectivista. Esto reafirma mi idea de abrir una zona de escrituras diversas, articuladas a partir de la emancipación.

Una comunidad articulada por la emergencia de una contrahegemonía de base emancipatoria.

Leemos a partir de un condicionamiento de género binario y esencialista. La asignación de femenino que se impone a la mujer, implica modos de escribir y temáticas afines a ello. En el conjunto de escrituras que abordo identifico la subversión al determinismo o esencialismo de género. Esto implica una subjetivación en estado de crisis respecto al femenino creado por el patriarcado: subordinado, pasivo, heterosexual, sensitivo, obligado a la apertura de sus intimidades, apegado a los sentimientos filiales, amorosos o al elogio de la heroicidad masculina. En este libro recojo escrituras ponen en jaque el esencialismo de género y con ello surge una escritura feminista. Con esto me refiero al abandono o puesta en crisis de la categoría “femenina”, inscripción creada por el patriarcado para ejercer sus estrategias de dominio.

La consciencia de género no binario, así como la consciencia crítica, van unidas y son parte de una estética y política emancipatoria, expresada poéticamente. Toda estética es una política en cuanto nos impone aquello que se puede ver, decir y hacer. Por tanto, el arte, en este caso poético, es político cuando funciona como táctica de insubordinación a tales mandatos

El imperio del mercado han generado subjetividades indiferentes a la colonización ideológica. ¿Será posible, es este escenario, el surgimiento de un contrapoder? Desde mi visión, sí, es posible. Entre las variadas formas de resistencia, se encuentra la poesía, la literatura, capaz de generar un contraespacio, reelaborando el fracaso, revinculando literatura y política, levantando utopías y desafiando el proyecto fascista refundacional que se nos impone.

Nuestra literatura, y con ello la poesía, se ha entregado a la estética neoliberal y con ello la denominada literatura de izquierda o no hegemónica, ha pasado a ocupar un lugar residual. Buena parte de la literatura se aleja cada vez más de toda problemática social no burguesa. El pueblo, la comunidad o el trabajo, por nombrar solo algunas realidades, carecen de lugar en la literatura. No hay experiencia compartida siquiera en los momentos de crisis.

La emancipación que articula al feminismo resulta fundamental en la expansión a la que te refieres. Desde el feminismo literario es posible desafiar la estética neoliberal que nos impone a un/x sujete sin utopías, esperanzas, donde se entroniza el individualismo, anula el contexto social, obligándonos a volcarnos en la autonomía de la subjetividad y de la literatura. Por lo mismo, pienso en la necesidad de promover agenciamientos que permitan levantar una discursividad de resistencia, habitada no solo por las elites, pequeña burguesía, sino por voces, de mujeres, aunque también hablo en general, conscientes de la interseccionalidad, de su exclusión por género, raza, clase, discapacidad o diversidad funcional (un término más digno) e incluso edad, condición de salud.

Me interesa compartir con mis estudiantes producciones literarias tanto canónicas como exocanónicas.

https://eldesconcierto.cl/patricia-espinosa-critica-literaria-nuestra-literatura-se-ha-entregado-la-estetica-neoliberal-n5459582

martes, 24 de septiembre de 2024

The Chilean dissimilations project

Disimilaciones:

Darle corte nomás. Me caíste, me dolí. Un centimillón. No le van a decirle nada.Los ponimos. Adonde mí. Nos veímos. Hácelo. Le iba a decirle. Le gustaba a un hueco, oye, compañero. A lo choro, hermano. La cachá de achís. En esa película trabaja/sale. Me entretení. Endenante. Más rápido que ti. Sale. El caracho. Andaba ruqueando. La ponimos. Tonce, pérate. Tenimos, losotros, me distrají, grasias, vallan. Me embolé. Entre mí. Julero. Ingendro. Peñiscar. Avocar, rebentar. A reconocido. Barrer el facismo. Lescribí. Le voy a cobrarle, ¿cuánto sale? "No sabe que no tiene sal". ¿Te tinca que vamos? Hagamos (en lugar de "supongamos"). Dentrarse. Apreta, haci se mantiene, resfalín, bautisé, pa k valla para aya, el 25 del otro mes, empiezo a flojear, ya toi cansado, haber. Sopermi. Tillas. Me dije entre mí. No caímos. Ago entrenamientos personalizados. 2 veces a la cemana 25 mil, 4 mil la cesion. A las una. La calor. Me dio vómito. Me tiraba los corríos. ¿Me podí escucharme? Picao a choro. Obviamente. Te poní ahueonao altoque. Se la sabe. A fumar sushistoso. Fuimo así. Terrible cagao. Ya se ba. Yo también toi ansiosisimo. K hace ay atrás. Pa aya. Demás po. Beso correteao. Hacimo ensalada surtida. Buen chato. De una patá, hermano. "Al micrero: Le pago $200 hasta allá abajo". El Flaco sobre su padre "fue un gran obrero". Ponele, Sale, Nos hacimos, ponelo, ponele del este Lo hacimo así, hacelo, hacela, haceme, hácete pallá. le iba a decirle. Ya en camino mi jente. Ya prendieron las luzes. K. X. Los barbita. Cambio de aceite a mi cuerpo. Salir en bici a guata pelá. Le pagué cuatro gambas. Cuéntamelo, mi hermano. Mi rey. Total po. Me distrají. Estubo riko el sol de hoy. Oye, sangre. De pana. ¿Me entendí? Era negrito, era rucio. Despachao. Le dai color. Llegué a villa, mi jente. Ya coronaste. Puta el niñito vulgar. ¿Pa qué hacimos la cola los dos? Sacarle la guagua. Vieja cochina. Cochino. Me movilizo, y hueá, fome si por esa hilacha echaron a perder todo el chaleco. Ahora sí que va a quedar pato feo. Ahora sí k va a kedar pato feo. Cilandro. La pulenta así de corazón. Helados Yooooork. Tengo el terrible diente. Duros como rieles paraos. Hermano, legal po. ya hermano mío. Lorea. Podimo hacerlo. El hombre. La ésta. Mucha calor. A las finales. Hace jetas, pone el caracho. Me apesta. Cha, la media volá, hermano. Hace eso. Vos tai vio tení que puro caminar de aquí. Ay diosito santo. No me caía la teja. Me movilizo. Y hueá. Hecho papa. Chicoco. Ensalada surtida. Métale. Ponga su éste. Me pegué una duchaíta, le pegué una leída, me pegué una vuelta. Hermano, estái latiendo. Un viejo culiao entero picao a choro. Déjame piola. Ta weno el mambo. Es haci. Pobre de ti. Se me fue por el camino viejo. Me fui a patacross. Toda la onda. Muy campante, le digo, me dice, le explico, le dije yo. Y me monté miércale. Miéchica. Durito lo tomate. Terrible brígido, tirando la mala. Me cae mal, no la paso. Qué sale, cuánto sale. El éste. El cuánto se llama. Qué penca. No, sí, bien. Así que no, noooo. Quiero que vamos. Pa que vamos. Tenimos que ir. Consulte nomás dama todo barato. Me cae mal, no la paso. La ésta po. Más atravesao que una almohada. Pensaba k era algo más grave. Llegue acá al mecánico. Me dice la se soltó una tuerkita. Haci k la van a apretar. Caminandito. Todabia con arta tos. Es mi nave. Mi mamá partió. Endenantes, quiñentos. Tenía 16 años cuando el huea. Puuu k mala. Bien biem grasia. Como ba tu año nuevo.  Bien mi san. Ñeque. Vírate. Me pegó un mangazo. Qué mala. Tira pa' arriba. ¿Otra piscolita? Por la chucha oh. Las papas, las papas, las papas. Hay tomate, tomate, tomate. Las papitas, las cebollas; las papitas, las cebollas. Supe que murió el Miguel. A toda llave. Cada ves. Así que se tiene que esforzar para coronar. Me puse una tenida. Ami qué opi. Llevaba arto rato cuando la pillaste. Le falto su tazita de leche a la vieji. Porque no veímos. Ducharce. Haguemo. Calmao. Lo voy a leerlo. Barato, barato como la carne del gato. Mucha calor. Naaa pero esta puro exajerando. Hay espasio de sobra en el video.  Eso no se puede hacerse. Ud me quiere matarme. Me distrají. A lo bien, si me entendís. Ya iso. Hice artos. Pulga en el hoyo. Amobla la casa. Altoque, te voy a buscarte altoque. Este culiao, hermano. Como te digo. El viejo culiao, hermano. No si por allá me dijo. Un picoteao, hermano, unas papitas. Pa los hielos. Era huérfano el vieji. Que te vaya pulento, hermano, bendiciones. Y todas esas manos. Me explotan bien. Entonses si me quieren apoyar con dinero ablenme por favor grasias. Hacerse la Larry. Piante. Qué agradece. Familiares en cana. Prestarse el hueso pa hervirlo y hacer sopa como quien comparte la bolsa de té. Macho ahogado. Comadre, compadre. Nadien, endenante. 
Dijo una amiga cuica: "parece población callampa". "Si yo fuera pobre". (Mientras una siempre canta: si yo tuviera plata). No me falta nada porque tengo al señor Cristo en mi corazón. Lo cansaba ella. Pinchado a una cañería. Huasca, el éste, los cabros, se satisfacía él nomás. En gran avenida (sin artículo). Buen negocio la fruta. Papá de la señora Ester. ¿Querí un pancito?Ahí veímos qué hacimos po. Que soi corrío. Del año de la cocoa. A ya. No nos podimos arriesgar. Trapear. Bromelia? La escoba tiene una cuestión de brujería. Así que ya sabís ya. Me agota la galla esta. No y su éste. Disculpe, le dije yo. Tiene que haberle dicho cuestiones. Yo me arrepentí, tempranito, le dije yo. Tengo ropa sin lavar. Lo llamé de vuelta. Descansar de la calor. Pega la calor. Le van a darle, oye, le dije yo. Sabís qué más, le dije yo, y cuestiones, le dije yo. Andan con las escobas parás como soldados. Me da miedo. Anormal. ¿Cuánto te va a tocarte? Por el pico. Se lo echó (encima, personal). Ahí soltamos fotito. Mucha calor. Yo sé que me tenís puras ganas. Tanta calor. Cabro hueón, oh. Se pica a choro, sacó la cuchilla sí po. Hermano, pa qué po. ¿Dame? ¿Date? Rápido po, hijo de la perra. Pero maricón po.

domingo, 8 de septiembre de 2019

Los tres modos de leer de un escritor, Ricardo Piglia

Habría tres modos de leer de un escritor. Primero tiende a ver la construcción antes que la interpretación. Al escritor le interesa más cómo está hecho un libro que preguntarse qué significa. Quiere saber cómo funciona esa máquina para construir otra. De allí que sus reflexiones sean tan específicas y técnicas, como pueden ser las de Nabokov.
Manuel Puig me dijo una vez “no puedo leer novelas, porque cuando las leo las corrijo”, Es decir, para un escritor los libros nunca están terminados, los ve como si fueran un work in progress. Este es un tipo de lectura fluida y sin complejos que tiende a poner el acento, sobre todo, en cómo están hechas las cosas.
La segunda manera de leer de un escritor es lo que yo llamo la lectura estratégica. Tiene que ver con lo que vos te referías al hablar de Benjamin. La lectura de un escritor nunca es inocente.
Pero a mí me interesa sobre todo la tercera manera de leer de un escritor, la que reflexiona sobre la literatura en las mismas novelas. Uno podría trazar una historia de la literatura a partir de lo que la propia literatura dice sobre los lectores, sobre los escritores, sobre los críticos, sobre las novelas. Sería una historia imaginaria que comenzaría con el Quijote. Yo leí El juguete rabioso de Arlt, de esa manera, como un texto sobre la circulación de la cultura. No digo que todos los libros hagan eso, pero sí más de los que pensamos.

https://calledelorco.com/2018/05/24/los-tres-modos-de-leer-de-un-escritor-ricardo-piglia/

viernes, 9 de agosto de 2019

Cómo convertirse en escritora, por Lorrie Moore (cuento)

Primero intenta ser algo, cualquier otra cosa: estrella de cine, astronauta, estrella de cine, misionera, estrella de cine, jardinera, Presidente del Mundo. Fracasa horriblemente. Es mejor si fracasas a una edad temprana, por ejemplo, a los catorce. Una desilusión temprana, crítica, para que a los quince puedas escribir largas oraciones en forma de haiku sobre los deseos frustrados.
Es un estanque, un cerezo en flor, un viento peinando las alas del gorrión rumbo a la montaña.
Estas son preguntas que guardas en tu billetera, como números telefónicos. Estas son preguntas que, como dice tu profesor de escritura creativa, es bueno explorar en tu diario personal, pero raramente en la ficción.
Sobre lo segundo escribes una larga historia sobre una pareja de ancianos que tropiezan accidentalmente con una mina en su cocina y vuelan en pedazos. La llamas: “Hasta que la mortadela nos separe”.
Leerás en algún lugar que toda la escritura tiene que ver con los genitales propios. No pienses demasiado en eso. Te pondría nerviosa.
Di: “Mamá, me gusta escribir”.
Escribe una historia sobre una estudiante de música confundida y llámala: “Schubert Era el de gafas, ¿no?”. No es un gran éxito, aunque a tu compañera de cuarto le gusta la parte en la que los dos violinistas vuelan en pedazos accidentalmente durante un concierto. “Salí con un violinista una vez”, dice ella, reventando su globo de chicle.
Tarde o temprano terminas un manuscrito, más o menos. La gente lo mira vagamente confundida y dice: “Parece que ser escritora siempre fue un sueño para ti, ¿no?”. Tus labios se secan como la sal. Di que de todos los sueños de este mundo, no puedes imaginar que ser escritora siquiera esté entre los primeros veinte. Diles que ibas a ser psicóloga infantil. “Claro”, dirán suspirando, “eres fantástica con los niños”. Frunce el entrecejo. Diles que eres una navaja caminando.
Cuenta las sílabas. Muéstraselo a tu mamá. Ella es dura y práctica. Tiene un hijo en Vietnam y un marido que podría tener una amante. Ella cree que hay que usar ropa marrón porque disimula las manchas. Ella mirará brevemente tu texto y luego otra vez a ti con la cara vacía como una galletita. Ella dirá: “¿Por qué no vacías el lavavajillas?”. Desvía la vista. Mete los tenedores en el cajón de los tenedores. Accidentalmente rompe uno de los vasos que te dieron gratis con el periódico del domingo. Éste es el dolor y el sufrimiento necesario. Esto es sólo el comienzo.
En la escuela, en clase de literatura, mira sólo la cara de Mister Killian. Decide que las caras son importantes. Escribe una villanelle sobre los poros. Esfuérzate. Escribe un soneto. Cuenta las sílabas: nueve, diez, once, trece. Decide experimentar con la ficción. Ahí no tienes que contar sílabas. Escribe un cuento corto sobre un anciano y una anciana que se disparan un tiro accidentalmente en la cabeza, uno al otro, resultado de un inexplicable fallo en un rifle que aparece misteriosamente en el salón una noche. Dáselo a Mister Killian como trabajo final de la clase. Cuando te lo devuelva habrá escrito en el papel: “Algunas imágenes son bastante buenas, pero no tienes sentido de la trama.” Cuando estés en tu casa, en la privacidad de tu habitación, garabatea a lápiz, debajo de su comentario en tinta negra: “Las tramas son para los idiotas, cara-porosa”.
Coge todos los trabajos de niñera que consigas. Eres fantástica con los niños. Ellos te adoran. Les cuentas historias de ancianos que mueren de forma idiota. Les cantas canciones como “Las campanas azules de Escocia”, tu favorita. Y cuando están en pijama y finalmente dejaron de pellizcarse entre ellos; cuando se duermen, lees todos los manuales de sexo que hay en la casa y te preguntas cómo alguien podría hacer esas cosas con alguien a quien ama. Quédate dormida en la silla mientras lees el Playboy de Mister McMurphy. Cuando los McMurphys vuelvan a casa, te tocarán en el hombro, mirarán la revista en tu falda y sonreirán ampliamente. Querrás morirte. Te preguntarán si Tracy se tomó la medicina. Explica que sí, que lo hizo, que le prometiste contarle una historia si se portaba como una señorita y que eso funcionó bastante bien. “Ah, maravilloso”, exclamarán.
Trata de sonreír orgullosa.
Matricúlate en Psicología Infantil en la universidad.
En Psicología tienes algunas materias optativas. Siempre te gustaron los pájaros. Te anotas en algo llamado: “Investigación Ornitológica Práctica”. Las clases son los martes y los jueves a las 2. Cuando llegas al aula 314 el primer día de clases, todos están sentados alrededor de una mesa discutiendo sobre metáforas. Alguna vez escuchaste algo al respecto. Después de un corto e incómodo rato, levanta tu mano y di tímidamente: “Perdón, ¿esto no es Observación de Pájaros I?” Todos se quedan en silencio y giran para mirarte.
Parecen tener todos una única cara: gigante y blanca, como un reloj destruido. Un barbudo ruge: “No, esto es Escritura Creativa”. Di: “Ah, okay”, haciendo como que ya sabías. Mira tu planilla de horarios. Pregúntate cómo cuernos caíste ahí. El ordenador se equivocó, parece. Empiezas a levantarte para salir pero no lo haces. Las colas en la oficina de inscripción esta semana son larguísimas. Quizás deberías aferrarte a este error. Quizás la escritura creativa no sea tan mala. Quizás sea el destino. Quizás esto es lo que quiso decir tu padre cuando dijo: “Esta es la era de las computadoras, Francie, esta es la era de las computadoras".
Decide que te gusta la universidad. En tu residencia conoces gente agradable. Algunos son más inteligentes que tú. Y algunos, te das cuenta, son más estúpidos. Continuarás viendo el mundo en estos términos, lamentablemente, el resto de tu vida.
La tarea de Escritura Creativa de esta semana es narrar un hecho violento. Entrega una historia sobre cómo conduce tu tío Gordon y otra sobre dos ancianos que se electrocutan accidentalmente cuando tocan una lámpara de escritorio que tiene un cable pelado. El profesor te devolverá los textos con comentarios: “Tu escritura es fluida y enérgica. Pero lamentablemente tus tramas son absurdas.” Escribe otra historia sobre un hombre y una mujer que, en el primer párrafo, son acribillados de la cintura para abajo debido a una explosión con dinamita. En el segundo párrafo, con el dinero del seguro, compran un puesto para vender helados. Hay seis párrafos más. Lees el texto completo en voz alta para la clase. A nadie le gusta. Dicen que tus tramas son exageradas y gratuitas. Después de clase alguien te pregunta si estás loca.
Decide que quizás deberías probar con la comedia. Empieza a salir con alguien divertido, alguien que tiene lo que en el instituto describías como “un sentido del humor buenísimo” y que ahora la gente de la clase de escritura creativa describe como “auto-indulgencia que toma forma cómica”. Anota todas sus bromas, pero no le digas que lo haces. Construye anagramas con el nombre de su exnovia, ponle esos nombres a todos los personajes con problemas de sociabilidad y observa lo divertido que es él, observa qué sentido del humor buenísimo tiene.
Tu orientador académico te señala que estás descuidando las clases de psicología. Lo que te consume la mayor parte del tiempo no es de tu especialidad. Di que sí, que lo entiendes.
En las clases de escritura creativa de los próximos dos años todos siguen fumando y preguntando las mismas preguntas: “Pero, ¿funciona?”, “¿Por qué debería importarnos lo que le pasa a ese personaje?”, “¿Te ganaste el derecho a usar ese lugar común?” Parecen ser preguntas importantes.
Los días en los que te toca a ti, miras a la clase con esperanza mientras buscan la trama en las hojas fotocopiadas, frunciendo el ceño. Te miran, aspiran el humo con intensidad, y luego te sonríen dulcemente.
Pasas demasiado tiempo abatida y desmoralizada. Tu novio sugiere que salgas a andar en bicicleta. Tu compañera de cuarto sugiere que cambies de novio. Te dicen que te estás autocastigando y perdiendo peso, pero continúas escribiendo. La única felicidad que tienes es escribir algo nuevo, en medio de la noche, con las axilas sudadas, el corazón golpeando fuerte, algo que todavía nadie leyó. Lo único que tienes son esos breves, frágiles, incontrastables momentos de éxtasis en los que sabes: eres un genio. Date cuenta de lo que tienes que hacer. Cambia de carrera. Los chicos de la guardería se entristecerán, pero tienes una vocación, una urgencia, una falsa ilusión, un hábito desafortunado. Estás, como diría tu madre, juntándote con gente que no te conviene.
¿Por qué escribir? ¿De dónde viene la escritura? Estas son preguntas que te haces a ti misma. Se parecen a: ¿De dónde viene el polvo? O: ¿Por qué hay guerras? O: Si hay un Dios, ¿por qué mi hermano es ahora un paralítico?
El profesor de este semestre enfatiza en el Poder de la Imaginación. Eso significa que no quiere largas historias descriptivas sobre tu viaje de campamento de julio pasado. Quiere que empieces en un contexto realista para luego alterarlo. Como si recombinaras ADN. Quiere que dejes vagar a tu imaginación, y que tus velas se hinchen como una barriga. Esto último es una cita de Shakespeare.
Cuéntale a tu compañera de cuarto tu gran idea, tu gran ejercicio de poder imaginativo: una transformación de Melville a la vida contemporánea. Será sobre la monomanía y sobre el mundo pez-grande-come-pez-chico de las compañías de seguros de Rochester, New York. La primera línea será: “Llámame Pezchico”, y tratará sobre un hombre casado, andropáusico y suburbano, llamado Richard, a quién, como está todo el tiempo deprimido, su ingeniosa esposa llama “Mufi Dick”. Dile a tu compañera de cuarto: “Mufi Dick, ¿entiendes?”. Tu compañera de cuarto te mira, su cara es blanca como un Kleenex. Viene hasta ti, con aire amistoso y pone su brazo en tu espalda encorvada. “Escúchame, Francie”, dice lentamente, como si fuera tu foniatra. “Salgamos a tomar una cerveza”.
A la gente de la clase tampoco le gusta esta historia. Sospechas que están empezando a sentir lástima por ti. Ellos dicen: “Tienes que pensar en lo que pasa. ¿Cuál es la historia ahí?”.
El semestre siguiente el profesor está obsesionado con escribir a partir de experiencias personales. Tienes que escribir sobre lo que sabes, basándote en algo que te pasó. Quiere muertes, quiere viajes de campamento. Reflexiona sobre lo que te ha pasado. En los últimos tres años pasaron tres cosas: perdiste tu virginidad; tus padres se divorciaron; y tu hermano volvió de un bosque a 15 kilómetros de la frontera con Camboya con sólo la mitad de su muslo y una mueca permanente anidada en un lado de la boca.
Sobre la primera cosa escribes: “Creó un nuevo espacio, que dolió y gritó con una voz que no era mía: ‘No soy más la que era, pero voy a estar bien’”.
Sobre lo último no escribes nada. No hay palabras para eso. Tu máquina de escribir zumba. No puedes encontrar palabras.
En las fiestas de la universidad, la gente dice: “Ah, ¿escribes? ¿sobre qué escribes?”. Tu compañera de cuarto, que ha tomado mucho vino, comido muy poco queso y casi ninguna galletita, dice: “Por dios, siempre escribe sobre el idiota del novio”.
Más tarde aprenderás que los escritores son simplemente textos abiertos e indefensos, sin ningún entendimiento de lo que han escrito y que, por lo tanto, deben confiar en cualquier cosa que se diga de ellos. Tú, en cambio, no has alcanzado ese nivel de refinamiento literario. Te pones rígida y dices: “No hago eso”, de la misma manera en la que se lo dijiste a alguien en cuarto grado cuando te acusó de disfrutar en las clases de oboe y dijo que no eran tus padres los que te forzaban a tomarlas.
Insiste con que no estás muy interesada en ningún tema en particular, que estás interesada en la música del lenguaje, que estás interesada en..., en..., sílabas, porque son los átomos de la poesía, las células de la mente, la respiración del alma. Empieza a sentirte mareada. Fija la vista en tu vaso de plástico lleno de vino.
“¿Sílabas?”, escucharás que alguien pregunta, a la distancia, alejándose lentamente hacia la seguridad de la fuente de salsa.
Comienza a preguntarte sobre qué escribes en realidad. O si tienes algo para contar. O si existe eso que llaman “algo que decir”. Limita tus pensamientos a no más de diez minutos al día; como las flexiones, pueden hacerte adelgazar.
Tu madre vendrá a visitarte. Examinará los círculos debajo de tus ojos y te entregará un libro marrón con un portafolios marrón en la tapa. Se llama: Cómo convertirse en una Ejecutiva de Negocios. También trajo la enciclopedia “Nombres para su bebé”, que tú misma le pediste; uno de tus personajes, la maestra de primaria/payaso, necesita un nombre. Tu madre sacudirá la cabeza y dirá: “Francie, Francie, ¿te acuerdas cuando ibas a ser psicóloga infantil?”
Ella dirá: “Claro que te gusta escribir. Por supuesto. Claro que te gusta escribir.”
Gracias a dios estás cursandp también otras asignaturas. Puedes encontrar refugio en los enredos ontológicos del siglo XIX y en los rituales de apareo de los invertebrados. Algunos moluscos globulares practican lo que se denomina “Sexo por el brazo”. El pulpo macho, por ejemplo, pierde el extremo de su brazo cuando lo introduce en el cuerpo de la hembra durante el coito. Los biólogos marinos lo llaman “Séptimo cielo”. Alégrate de saber estas cosas. Alégrate de no ser solo una escritora. Inscríbete en la facultad de Derecho.
A partir de aquí pueden pasar muchas cosas. Pero la principal es ésta: decides no empezar abogacía después de todo, y, en cambio, pasas una gran parte de tu vida adulta diciéndole a la gente cómo decidiste al final no empezar abogacía.
De alguna manera terminas escribiendo de nuevo. Quizás haces una licenciatura. Quizás tomas trabajos temporales y clases de escritura por la noche. Quizás trabajas y escribes todos los comentarios interesantes y las confesiones íntimas que escuchas durante el día. Quizás estás perdiendo a tus amigos, a tus conocidos, tu equilibrio.
Te peleaste con tu novio. Ahora sales con hombres que, en vez de susurrarte “Te quiero”, gritan: “Hagámoslo, nena”. Esto es bueno para tu escritura.
Abandona las clases. Abandona los trabajos. Retira los ahorros del banco. Ahora tienes tanto tiempo como picazón en las manos. Lentamente copia todas las direcciones de tus amigos en una nueva agenda.
Pasa la aspiradora. Mastica chicles para la tos. Guarda una carpeta llena de notas.
Un párpado oscureciéndose en el costado.
El mundo como conspiración.
¿Argumento posible? Una mujer sube al autobús.
Imagínate que organizas una historia de amor y nadie viene.
En casa toma mucho café. En el Howard Johnson pide ensalada de repollo. Piensa cómo la ensalada se parece a un mapa hecho papel picado: dónde estuviste, hacia dónde vas: “Usted está aquí”, dice la estrella roja en la parte de atrás del menú.
Ocasionalmente una cita, con la cara blanca como un papel, te pregunta si los escritores se desaniman con frecuencia. Contesta que a veces se desaniman y a veces no. Di que se parece mucho a tener la polio.
“Interesante”, sonríe tu cita, y luego mira los pelos de su brazo y empieza a alisarlos, todos, siempre, en la misma dirección.

¿Así que quieres ser escritor? Por Charles Bukowski

Si no te sale ardiendo de dentro,
a pesar de todo,
no lo hagas.

A no ser que salga espontáneamente de tu corazón
y de tu mente y de tu boca
y de tus tripas,
no lo hagas.

Si tienes que sentarte durante horas
con la mirada fija en la pantalla del ordenador
o clavado en tu máquina de escribir
buscando las palabras,
no lo hagas.

Si lo haces por dinero o fama,
no lo hagas.
Si lo haces porque quieres mujeres en tu cama,
no lo hagas.

Si tienes que sentarte
y reescribirlo una y otra vez,
no lo hagas.

Si te cansa sólo pensar en hacerlo,
no lo hagas.
Si estás intentando escribir
como cualquier otro, olvídalo.

Si tienes que esperar a que salga rugiendo de ti,
espera pacientemente.
Si nunca sale rugiendo de ti, haz otra cosa.

Si primero tienes que leerlo a tu esposa
o a tu novia o a tu novio
o a tus padres o a cualquiera,
no estás preparado.

No seas como tantos escritores,
no seas como tantos miles de
personas que se llaman a sí mismos escritores,
no seas soso y aburrido y pretencioso,
no te consumas en tu amor propio.
Las bibliotecas del mundo
bostezan hasta dormirse
con esa gente.
No seas uno de ellos.
No lo hagas.

A no ser que salga de tu alma
como un cohete,
a no ser que quedarte quieto
pudiera llevarte a la locura,
al suicidio o al asesinato,
no lo hagas.

A no ser que el sol dentro de ti
esté quemando tus tripas, no lo hagas.
Cuando sea verdaderamente el momento,
y si has sido elegido,
sucederá por sí solo y
seguirá sucediendo hasta que mueras
o hasta que muera en ti.

No hay otro camino.
Y nunca lo hubo.

domingo, 23 de junio de 2019

Manifiesto (Hablo por mi diferencia), Pedro Lemebel

No soy Pasolini pidiendo explicaciones
No soy Ginsberg expulsado de Cuba
No soy un marica disfrazado de poeta
No necesito disfraz
Aquí está mi cara
Hablo por mi diferencia
Defiendo lo que soy
Y no soy tan raro
Me apesta la injusticia
Y sospecho de esta cueca democrática
Pero no me hable del proletariado
Porque ser pobre y maricón es peor
Hay que ser ácido para soportarlo
Es darle un rodeo a los machitos de la esquina
Es un padre que te odia
Porque al hijo se le dobla la patita
Es tener una madre de manos tajeadas por el cloro
Envejecidas de limpieza
Acunándote de enfermo
Por malas costumbres
Por mala suerte
Como la dictadura
Peor que la dictadura
Porque la dictadura pasa
Y viene la democracia
Y detrasito el socialismo
¿Y entonces?
¿Qué harán con nosotros compañero?
¿Nos amarrarán de las trenzas en fardos
con destino a un sidario cubano?
Nos meterán en algún tren de ninguna parte
Como en el barco del general Ibáñez
Donde aprendimos a nadar
Pero ninguno llegó a la costa
Por eso Valparaíso apagó sus luces rojas
Por eso las casas de caramba
Le brindaron una lágrima negra
A los colizas comidos por las jaibas
Ese año que la Comisión de Derechos Humanos
no recuerda
Por eso compañero le pregunto
¿Existe aún el tren siberiano
de la propaganda reaccionaria?
Ese tren que pasa por sus pupilas
Cuando mi voz se pone demasiado dulce
¿Y usted?
¿Qué hará con ese recuerdo de niños
Pajeándonos y otras cosas
En las vacaciones de Cartagena?
¿El futuro será en blanco y negro?
¿El tiempo en noche y día laboral
sin ambigüedades?
¿No habrá un maricón en alguna esquina
desequilibrando el futuro de su hombre nuevo?
¿Van a dejarnos bordar de pájaros
las banderas de la patria libre?
El fusil se lo dejo a usted
Que tiene la sangre fría
Y no es miedo
El miedo se me fue pasando
De atajar cuchillos
En los sótanos sexuales donde anduve
Y no se sienta agredido
Si le hablo de estas cosas
Y le miro el bulto
No soy hipócrita
¿Acaso las tetas de una mujer
no lo hacen bajar la vista?
¿No cree usted
que solos en la sierra
algo se nos iba a ocurrir?
Aunque después me odie
Por corromper su moral revolucionaria
¿Tiene miedo que se homosexualice la vida?
Y no hablo de meterlo y sacarlo
Y sacarlo y meterlo solamente
Hablo de ternura compañero
Usted no sabe
Cómo cuesta encontrar el amor
En estas condiciones
Usted no sabe
Qué es cargar con esta lepra
La gente guarda las distancias
La gente comprende y dice:
Es marica pero escribe bien
Es marica pero es buen amigo
Súper-buena-onda
Yo no soy buena onda
Yo acepto al mundo
Sin pedirle esa buena onda
Pero igual se ríen
Tengo cicatrices de risas en la espalda
Usted cree que pienso con el poto
Y que al primer parrillazo de la CNI
Lo iba a soltar todo
No sabe que la hombría
Nunca la aprendí en los cuarteles
Mi hombría me la enseñó la noche
Detrás de un poste
Esa hombría de la que usted se jacta
Se la metieron en el regimiento
Un milico asesino
De esos que aún están en el poder
Mi hombría no la recibí del partido
Porque me rechazaron con risitas
Muchas veces
Mi hombría la aprendí participando
En la dura de esos años
Y se rieron de mi voz amariconada
Gritando: Y va a caer, y va a caer
Y aunque usted grita como hombre
No ha conseguido que se vaya
Mi hombría fue la mordaza
No fue ir al estadio
Y agarrarme a combos por el Colo Colo
El fútbol es otra homosexualidad tapada
Como el box, la política y el vino
Mi hombría fue morderme las burlas
Comer rabia para no matar a todo el mundo
Mi hombría es aceptarme diferente
Ser cobarde es mucho más duro
Yo no pongo la otra mejilla
Pongo el culo compañero
Y ésa es mi venganza
Mi hombría espera paciente
Que los machos se hagan viejos
Porque a esta altura del partido
La izquierda tranza su culo lacio
En el parlamento
Mi hombría fue difícil
Por eso a este tren no me subo
Sin saber dónde va
Yo no voy a cambiar por el marxismo
Que me rechazó tantas veces
No necesito cambiar
Soy más subversivo que usted
No voy a cambiar solamente
Porque los pobres y los ricos
A otro perro con ese hueso
Tampoco porque el capitalismo es injusto
En Nueva York los maricas se besan en la calle
Pero esa parte se la dejo a usted
Que tanto le interesa
Que la revolución no se pudra del todo
A usted le doy este mensaje
Y no es por mí
Yo estoy viejo
Y su utopía es para las generaciones futuras
Hay tantos niños que van a nacer
Con una alíta rota
Y yo quiero que vuelen compañero
Que su revolución
Les dé un pedazo de cielo rojo
Para que puedan volar.

Decálogo del perfecto cuentista, Horacio Quiroga (1879-1937)

1. Cree en un maestro —Poe, Maupassant, Kipling, Chejov— como en Dios mismo.

2. Cree que su arte es una cima inaccesible. No sueñes en domarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo.

3. Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia.

4. Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.

5. No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.

6. Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: "Desde el río soplaba el viento frío", no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez dueño de tus palabras, no te preocupes de observar si son entre sí consonantes o asonantes.

7. No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.

8. Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.

9. No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino.

10. No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida del cuento.

Decálogo de Hebe Uhart

Decálogo Hebe Uhart
(más uno) para los que van a escribir

1. No hay escritor, hay personas que escriben
2. Escribir es una artesanía, un trabajo como cualquier otro.
3. Para escribir hay que estar, como decía Chejov, a media rienda.
4. La literatura está hecha de detalles.
5. El primer personaje somos nosotros mismos.
6. No importa el hecho en sí mismo, sino la repercusión del hecho en mí o en el personaje.
7. Al personaje se entra por la fisura.
8. Todo cuento tiene un “pero”. El “pero” me abre el cuento.
9. Hay que saber observar y escuchar cómo habla la gente.
10. La verdad se arma en el diálogo.
11. El adjetivo cierra, la metáfora abre.