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domingo, 4 de junio de 2023

Defensa del lenguaje inclusivo, short essay by Arelis Uribe

Yo también encuentro horribles las arrobas y las equis en una palabra para volverla neutral. También me agota decir todos y todas, amigos y amigas, niños y niñas. Hace un tiempo, no sólo lo encontraba feo, también lo encontraba inútil. ¿Para qué tanta vuelta si el “nosotros”, si el “todos” ya es inclusivo, ya es neutral?

Hasta que descubrí la trampa: el español y el genérico masculino no son neutrales, tienen la mano cargada hacia el privilegio y la supremacía de lo masculino por sobre lo femenino, como todo en el mundo.

Siempre me hizo ruido que en mi curso hubiera más mujeres que hombres y sin embargo en la mañana la profe saludara “buenos días, niños”. Siempre me extrañó que si un único hombre llegaba a un grupo compuesto por una o mil mujeres, toda la comunicación se tuviera que masculinizar. Encontraba raro que no pasara al revés, que la presencia de una mujer nunca mereciera el mismo trato.

Me di cuenta de algo obvio, que de tan obvio parece natural, pero no lo es. El español tiene género, es macho, es un lenguaje que beneficia a los varones. El español disfraza lo masculino de genérico, de neutral, de aséptico. Lo femenino aparece como excepción, como apéndice del idioma, como fuera de la norma. Es el mito de Adán y Eva en la palabra.

Las mujeres somos la mitad de la población, la mitad más uno. Y sin embargo el mundo es androcentrista y la mayoría de la narrativa y la mitología universal la protagonizan hombres. Cualquier mascota de marca es varón porque eso es lo neutral, desde Hellmins hasta Teletín. También los protagonistas de los videojuegos, desde Pacman a Link. Los próceres, desde Lautaro a O’Higgins y tan antagónicos como el Che y Pinochet. Y en la música, en la tele, en los libros, en el cine. Qué pena me dio notar que Volver al futuro, mi película favorita cuando chica, estaba protagonizada por dos hombres. A tal punto que en la I y la II la polola de Marty cambia de actriz y da exactamente lo mismo. ¿Así de irrelevante somos? Y en Star Wars, ¿es Leia la única mujer en la Galaxia? Y hasta Jesús, Buda y Mahoma. Donde busquen van a encontrar que lo femenino está subrepresentado o caricaturizado dentro de lo rosado, lo maternal, lo emocional. En el lenguaje pasa lo mismo. No sé cómo evolucionó el español, pero es un hecho que relega lo femenino a un segundo plano. Constatar eso me dejó mal. Me hizo cambiar de perspectiva y entender qué hay detrás de esas horribles arrobas en las palabras.

Hace un tiempo, los 31 minutos hicieron un video para el gobierno, en el que Tulio ridiculizaba el lenguaje inclusivo. Decía compatriotas y compatriotos, espectáculos y espectáculas, verano y verana. Cuando lo vi me dio una tristeza enorme. Porque yo uso lenguaje inclusivo, porque me gustan los 31 minutos. Después pensé, qué se puede esperar de un grupo de talentosos, sí, pero poco empáticos que incluyeron un personaje femenino en su programa sólo porque los obligaron y en venganza la bautizaron Patana.

Cuando se vive en el privilegio es difícil reconocer y validar las reivindicaciones del resto. Me dolió que el video se riera del esfuerzo de la gente por lograr que este lenguaje macho y tozudo se tuerza sólo un poco y le dé un espacio chiquito que sea a lo femenino. Porque es tan patriarcal el español, que la única forma de hacerlo igualitario es estrangulándolo y esforzándose en que escupa un poco de paridad, porque de buenas a primeras, a puro uso y costumbre, deja lo femenino regelado. Si nos vamos a reír de algo, que sea de eso, de lo torpe y conservador del idioma, que nos obliga a llenar de arrobas y equis y estrellitas feas las oraciones y los párrafos. Pero si nos vamos a reír de una reivindicación histórica, como es el derecho de las mujeres, de lo femenino, de lo disidente a lo hegemónico masculino a aparecer, a ser reconocido, entonces no, entonces me da rabia, me duele y me enojo y escribo esto para explicar y exigir un pedacito de comprensión.

Esto del todos y todas no es maña, es una lucha, un problema político. El filósofo francés Jacques Rancière dice que la política es la preocupación por verificar la igualdad en el tratamiento de un daño. Tal cual lo que pasa aquí. Hay un daño, el lenguaje masculinizado es lesivo, nos hiere porque nos oculta, porque eclipsa lo femenino. Nos suprime. El trato de la lengua no es igualitario, por eso nos preocupamos por verificar esa brecha, esa falta de equidad. La denunciamos y queremos superarla, que deje de doler, de aplastar.

Hay distintas formas de aplicar ese lenguaje inclusivo. Yo, honestamente, encuentro espantoso lo de las arrobas, pero lo defiendo y lo entiendo. Una vez leía una entrevista de la escritora Yadira Calvo y decía: “Lenguaje inclusivo no es usar, ellos y ellas, muchachas y muchachos y poner arrobas”, entonces invitaba a buscar otras formas. “Podemos usar abstractos cuando se presta, en vez de niños decir niñez”. Yo prefiero esa escuela. Tengo una colección de palabras que me acompañan de forma casi imperceptible en esta lucha. Digo "cada", en vez de todos o todas —es más corto incluso— y me refiero a la gente, las personas, la humanidad. Es bonito encontrar esos términos que son realmente neutrales y que al usarlos evocan eso: inclusión. Lo femenino y masculino conviven como iguales.

A mí no me molestaría ser nombrada dentro del género masculino, si a los varones no les importara generalizarse alternativamente en el femenino. Qué hermoso sería que este español bruto y esta cultura patriarcal lo permitieran. Que habláramos como Lemebel, que en una misma crónica narraba desde una voz de mujer, de loca, y en el párrafo siguiente desde un Pedro. Y disfrutaba las mezclas. Cuánto gozó cuando un amante le dijo al oído “eres mío, niña”. Maravilla de frase. Sería bello que las palabras femeninas y masculinas, en su diferencia, tuvieran la misma densidad y pudiéramos usarlas indeterminadamente. Que decirle “madre” o “monja” a un futbolero no tuviera esa carga tan negativa. Que el “erís niñita” no pasara por ofensa. Que en una sala de clases, al menos primara el criterio literal de la mayoría y se pudiera saludar “buenos días a todas”, si las niñas superaran en número a los niños.

Una amiga decía en Twitter: “No dejan de impresionarme las resistencias que genera el uso del lenguaje inclusivo. El derecho a ser nombradas, a existir”. Eso es, de eso se trata. Quienes arrobamos, quienes escarbamos y atesoramos términos genéricos, quienes generalizamos con letras “e”, quienes replicamos un sustantivo femenino al lado de uno masculino, no pedimos nada más —y nada menos— que ingresar al universo de las palabras. Que nos respeten el derecho justo a inscribirnos en la realidad.


Noesnalaferia, 9 de abril de 2015

Nota 1: esta columna (con otro título) fue finalista del premio periodismo
de excelencia 2015, de la universidad alberto hurtado, en la categoría
“opinión”.

Nota 2: escribí esto antes de que Disney estrenara los episodios nuevos de Star
Wars, protagonizados por mujeres, afros y latinos.

jueves, 20 de mayo de 2021

Apuntes de "Reportaje al pie de la horca", de Julius Fucik

"La celda 267 canta. Si canté toda mi vida, no sé por qué habría de dejar de cantar ahora, precisamente al final, cuando la vida es más intensa. ¿Y el padrecito Pesek? ¡Oh, es un caso excepcional! Canta con el corazón. No tiene ni oído ni memoria musical ni voz, pero adora el canto con tan bello y abnegado amor y encuentra en él tanta alegría que casi no percibo cuando se desliza de una tonalidad a otra e insiste testarudamente en un do aunque el oído reclame un la. Y así, cantamos cuando la nostalgia trata de invadirnos; cantamos cuando el día es alegre; con nuestro canto acompañamos al camarada que se marcha y a quien quizá no volveremos a ver nunca más; cantando recibimos las buenas noticias del frente oriental; cantamos en busca de consuelo y cantamos de alegría, tal y como los hombres han cantado siempre y como seguirán cantando mientras existan".


"No hay vida sin canto, como no hay vida sin sol. Por consiguiente, nosotros necesitamos doblemente el canto, ya que el sol no llega hasta aquí. La 267 es una celda orientada hacia el norte. Sólo en los meses de verano, y durante algunos instantes, el sol dibuja, antes de ocultarse, la sombra de los barrotes en la pared. Durante esos instantes, el padre, puesto de pie y apoyado en el camastro, sigue con sus ojos esa fugaz visita del sol... Y ésa es la mirada más triste que se pueda encontrar aquí".

"Un cobarde pierde algo más que su vida. Él ha perdido. Es un desertor del ejército glorioso y merece el desprecio del más ruin de sus enemigos. Y aunque viviese, no viviría ya, porque se ha excluido de la
colectividad. Más tarde intentó corregir algunas cosas, pero jamás pudo ganar la confianza de los compañeros. Esto es más terrible en la prisión que en cualquier otra parte".

"Sólo pido una cosa: los que sobrevivís a esta época no olvidéis. No olvidéis ni a los buenos ni a los malos. Reunid con paciencia los testimonios de los que han caído por sí y por vosotros. Un día, el hoy pertenecerá al pasado y se hablará de una gran época y de los héroes anónimos que han hecho historia. Quisiera que todo el mundo supiese que no ha habido héroes anónimos. Eran personas con su nombre, su rostro, sus deseos y sus esperanzas y el dolor del último de los últimos no ha sido menor que el del primero, cuyo nombre perdura. Yo quisiera que todos ellos estuviesen cerca de vosotros, como miembros de vuestra familia, como vosotros mismos".

Todas las noches canto para ella una canción que le gustaba: se habla allí sobre la hierba azulada de la estepa, llena de leyendas de combates guerrilleros; sobre la cosaca que, al lado de los hombres, luchaba valerosamente por conquistar la libertad hasta que en un combate: “yey podniatsia s zemli nieprislos”. “Vot, moi druzok boievoi". ¡Cuánta fuerza encierra esta fina criatura de trazos firmemente esculpidos y con grandes ojos de niña, llenos de ternura! La lucha y las continuas separaciones han hecho de nosotros dos amantes eternos, que no sólo una, sino cien veces en la vida han vivido los momentos ardorosos de las primeras caricias y de los primeros abrazos. Y sin embargo, nuestros corazones latían siempre al unísono y nuestro aliento era el mismo en las horas de felicidad y en las horas de angustia, excitación y tristeza. Durante años hemos trabajado juntos y nos hemos ayudado como sólo los camaradas saben hacerlo. Durante años ella fue mi primer lector y crítico y me era difícil escribir sin sentir sobre mí su cariñosa mirada; durante años hemos participado, uno al lado del otro, en frecuentes luchas y durante años hemos vagado, cogidos de la mano, por los lugares preferidos. Hemos conocido muchas dificultades y hemos vivido muchas y grandes alegrías, porque nosotros éramos ricos, ricos como son los pobres. Con esa riqueza que está en el interior".

"Pero eran búsquedas en un bosque intrincado. Oíamos una voz, la seguíamos y cuando estábamos a punto de darle alcance se hacía oír exactamente en el lado opuesto. La dura pérdida enseñó a todo el Partido a ser más prudente, más vigilante. Dos miembros del aparato central del Partido que quisieran encontrarse tenían que aparecer completamente diáfanos a través del sinfín de obstáculos y sondeos mutuos de los interesados y de los encargados de establecer el contacto. Era tanto más complicado, porque yo ignoraba quién estaba al otro lado y el otro desconocía a quién estaba buscando".

Librazo. Julius Fucik escribe con una sensibilidad que a una se le aprieta la guata. Perfecto en su estructura, exquisito en su prosa y admirable en su moral. Un manual de humanismo muy bien escrito. Una crónica a la altura de las de Gabriel García Márquez y Juan Cristóbal Peña. Lo recomiendo al infinito.