Significa poder, vida, garra. Nos recuerda que todo tiene fuerza vital: las piedras, los volcanes, nuestros corazones. Le envío newén a mis amigos cuando están tristes, confío en mi newén para avanzar cada día. es palíndromo: newén.
lunes, 18 de marzo de 2024
miércoles, 29 de junio de 2022
"Warriache," by Daniela Catrileo, translated from Spanish by Jacob Edelstein
Santiago, San Bernardo, and back to Santiago, that's the trip. I open my eyes and listen: the music, at least, keeps me from running away. I'm crossing the city from one end to the other to celebrate my friend Yajaira's thirtieth birthday. She's my best friend, or at least the one I've known the longest. Neither one of us now lives where we were born, but every so often we go back to pick up pieces of what we abandoned, and visit family while we're there. We reappear to let each another know how the years have been treating us, now that we aren't isolated little girls at the poor Catholic school where we met.
I show up late, as always. I'm a little embarrassed. Her party is a kind of intimate dinner, at least that's what she tells me on the phone. How very her, I think. The house is just like the ones next to it, save for the shape of its fence bars. The colors don't vary much: blandness that feels distinctly middle class. I feel like this condo could be in any part of Chile, housing people who believe themselves to be of that class. I'm not sure when they began to spring up in this graveyard. When I left, we were still girls raised in projects, semidetached but disparate houses, handmade extensions and multicourts without nets. When I left, there were still hills and vineyards where we could camouflage ourselves, get drunk in peace, and lay out on our backs under the sun.
Through the window, I see the guests and don't recognize anyone except for Yajaira's parents, who look older. I feel strange. Just seeing them makes me realize how much time has passed since we lived in this place we put so much effort into hating. I'd like to skip the introductions. Maybe if I'd gotten here earlier, I wouldn't have to make an entrance in front of everyone. It doesn't matter; I head into the house. There's a knot in my stomach and I'm trying to play it cool. It's not that I feel obligated to be here, I'd just rather it was like the parties when we were teenagers, where everything was so dark you didn't have to introduce yourself. [End Page 344]
The first to greet me is Yajaira's mother, María. She hasn't changed. She says a ton of superficial, insufferable things. I've never liked her very much, probably because I know Yajaira so well. She's one of those people you respect only because someone you love respects them. Though that doesn't mean you should. I admit it's hard for me. I was there for the neglect, the separations, the screaming. Those days are etched into my memory. I'm not someone who forgets easily. Still, I can admire her strength from a distance; it's what allows her to stay here. We all drag along more ghosts than even she imagines: knots that not only entangle our hearts, but bind our tongues forever. That's why, in front of her, I prefer to stay silent.
I try to seem normal. María informs me that she no longer lives in the projects, but rather, she lives in a condo now. She speaks in a derogatory tone that I know and abhor. On the outside, I nod with a smile. Inside, I repeat, like a mantra, that she is my best friend's mother, that she has never not been this, that she will never change. Behave, I tell myself. If I keep smiling silently, she won't ask so many questions or realize I came alone. As she continues with her monologue of success, she offers me heaps of canapés. I awkwardly avoid making eye contact. Little by little, her figure begins to blur. It must be a defense mechanism. I can't clearly see her mouth moving anymore. I rub my eyes, but they've already gone...
domingo, 27 de diciembre de 2020
Homework: Describe your territory
New York:
Tufachi waria mew müley fütxa ruka, Empire States pigey.
Chi alü rupay East River lewfü, Chelsea Market Gillakawe ka NYU kimeltuwe ruka.
domingo, 6 de diciembre de 2020
Cómo es el tiempo en tu ciudad
Pewü: küme antügekey
Walüg: mawüngekey
Rimü: kürüfkey
Pukem: pirekey
Puekm mew Brooklyn pirekey: The winter is snowy in Brooklyn
lunes, 9 de noviembre de 2020
domingo, 8 de noviembre de 2020
Tañi chuchu Noemí del Carmen pigey
Iñche Arelis pigen.
Santiago waria mew tuwün.
Brooklyn waria mew mülen.
Iñche wirifegen ka ñochikechi wiriken.
Tañi chuchu Noemí del Carmen pigey
La Cisterna mew tuwy
San Bernardo mew müley
Fey fendefegey
My name is Arelis.
I am from Santiago city.
I live in Brooklyn.
I am a writer who calmly writes.
My grandmother's name (by mother side) is Noemí del Carmen.
She is from La Cisterna.
She lives in San Bernardo.
She is a vendor.
martes, 20 de octubre de 2020
lunes, 19 de octubre de 2020
Mapudungun loanwords
The Mapudungun language has left a relatively small number of words in Chilean Spanish, given its large geographic expanse. Many Mapudungun loans are names for plants, animals, and places. For example:[25][26][27]
cahuín:[28] a rowdy gathering; also malicious or slanderous gossip.
copihue: Lapageria rosea, Chile's national flower.
culpeo: the culpeo, or Andean fox, Lycalopex culpaeus.
luma - Amomyrtus luma, a native tree species known for its extremely hard wood; also a police baton (historically made from luma wood in Chile).
chape: braid.
guarén: the brown rat.
laucha: mouse.
roquín: lunch, picnic
cuncuna: caterpillar.
pichintún: pinch, or very small portion.
pilucho: naked.
piñén: dirt of the body.
guata: belly.
machi: female Mapuche shaman.
colo colo: pampas cat, Leopardus colocola.
curi: black, dark.
curiche: dark-skinned person.
charquicán: a popular stew dish.
malón: military surprise attack; also, a party.
paila: bowl.
ulpo: non-alcoholic drink made of toasted flour and water or milk.
yapa: something extra or for free; a lagniappe.
pilcha: shabby suit of clothing.
huila: shredded, ragged.
merkén: smoked chili pepper.
funa: a demonstration of public denunciation and repudiation against a person or group. Also to be bored or demotivated, demoralized.
huifa: wiggle with elegance, sensuality, and grace; also, interjection to express joy.
pichiruchi: tiny, despicable, or insignificant.
pololo: Astylus trifasciatus, an orange-and-black-striped beetle native to Chile; also, boyfriend.
quiltro: mongrel, or stray dog.
viernes, 16 de octubre de 2020
Las enseñanzas del kimche
En los colegios públicos de La Araucanía, más de la mitad de los estudiantes son mapuche. Sin embargo, pocos establecimientos se hacen cargo de esa diversidad cultural. El kimche –o sabio– Hernán Marinao trabaja en un liceo de Puerto Saavedra y al repasar su biografía, cuenta cómo, luego de décadas, recién comienza a buscarse en serio la interculturalidad: el equilibrio entre la sociedad winka y el mundo mapuche.
“Mi nombre es Hernán Marinao. Originalmente, mi apellido es “Mari Nawel”. Mari significa diez. Nawel, jaguar. Yo soy diez jaguares, pero como estoy reconocido por un solo apellido, soy Marinao Marinao. Entonces, soy veinte jaguares.
Nací en el año 78, en la costa de la novena región. Con mis ocho hermanos vivíamos en la ruka que construyó mi abuelo. La ruka fue la casa donde vivió, durmió y guardó los cereales. En esa ruka yo me crié.
Crecí con apego a mi abuela. Gracias a ella, mi primera lengua es el mapudungun. Mi abuela me enseñó cómo comportarme en una ruka, cuáles son las oraciones, cuándo ir a buscar el agua al pozo, cómo cocinar la papa asada en el rescoldo. Cada día, nos preguntaba: ¿qué hiciste hoy, tuviste respeto con la naturaleza? Siempre en una conversación, de esa forma aprende nuestra gente.
A los ocho años, entré a la escuela. Yo sentía que no necesitaba ir a la escuela porque ya sabía todo lo que me había enseñado mi abuela. Caminaba siete kilómetros todos los días. Veía el amanecer, los pájaros, el bosque. En la escuela me confundí, porque me enseñaban a escribir y podía jugar con otros niños, pero también me prohibían hablar mapudungun. La enseñanza media la estudié en el Liceo Reino de Suecia, en ese tiempo, Liceo C-19, de Puerto Saavedra. Ahí no me prohibían hablar mapudungun, pero tampoco enseñaban la cultura mapuche. Entonces yo trataba de mostrarla. Armé un grupo con mis compañeros y hacíamos danza para los actos del colegio. Así, sin darme cuenta, terminé cuarto medio y me fui a la universidad.
En la Universidad Católica de Temuco descubrí la diversidad de las personas y de la educación. Me encontré con compañeros mapuche y conversábamos en mapudungun. Estábamos en un programa de ingreso especial para estudiar pedagogía intercultural. La condición era aprobar cuatro ramos. A mí jamás me gustó matemática, y lo reprobé. Justo cuando me di cuenta de que la educación era importante no pude continuar.
Era el año 2000, volví a mi comunidad, pensando en trabajar en el campo. Le conté a una profesora del Liceo de Saavedra que había quedado fuera de la carrera. Ella había observado que yo era destacado por promover la cultura mapuche en el colegio. Me dijo: necesito un inspector, además te ofrezco la misión de representar el tema mapuche en el liceo. Fue bonito. Formé un grupo y enseñé a los estudiantes la danza del choique o ñandú. Ensayábamos después de clases y se sumaban otros chicos. Nos presentábamos en los actos del colegio. Lo mantuvimos durante cinco años, hasta que la profesora se fue del liceo. Ahí sentí un vacío. Alrededor del noventa por ciento de nuestros estudiantes son mapuche y vienen al colegio y su mundo no está. A veces necesitan manifestarse de su cultura y no hay nadie para enseñarles. Están como enjaulados, sin saber dónde ir.
El año pasado hubo personas que se dieron cuenta de esto y armaron un proyecto para que el Liceo Reino de Suecia sea intercultural. La comunidad educativa dijo, ¿quién podría apoyar? Yo estaba en un rinconcito y alguien me señaló: él puede ser. Por mis conocimientos, me nombraron kimche o sabio del colegio. Entonces empezamos a experimentar. Es complejo definir qué es lo intercultural, pero siento que es ser como yo. Yo cuido mi cultura y aprendo de la otra. Hoy no existe ese equilibrio. En la educación tradicional, la sociedad chilena es absorbente e imponente, y no acepta la cultura mapuche.
Después, en el colegio se preguntaron, “¿cómo manifestamos lo intercultural?”. Ahí surgió la idea de la ruka. “¿Y quién va a construir la ruka?”, dijeron. Entonces me miraron, “¿tú sabes armar una ruka?”. Sí, contesté. “¿Y cómo aprendiste?”. Aprendí cuando niño, ayudando a levantar ruka a otras personas. “¿Podrías construirla tú?”. Sí, puedo. “¿Y necesitas un plano?”. No. Está todo aquí, en mi cabeza.
Desde los 15 años que no fabricaba una ruka. Me fui al tiempo en que ayudaba en las construcciones y me acordé muy bien. Caminé por el patio del liceo y empecé a evaluar las dimensiones, la cantidad de palos, de varillas. Me salieron exactas las medidas. Ya está, dije, empecemos.
Primero, se entierran en círculo los troncos de temo, una madera que vive en el fango y resiste la humedad. Los pilares que sostienen el techo son de ciprés –antiguamente se usaba boldo– una madera bastante dura. Las varillas son de eucalipto. Después viene el tejido de totora, sujetado con una enredadera. Todos los materiales los encontramos en la tierra de las comunidades.
Trabajamos rápido, para que no nos encontrara el invierno. De hecho, tocaron dos aguaceros antes de construir. Me sentía como un gran ingeniero al que se le viene abajo su edificación. Rogué siempre a nuestro gran poder y en un mes y tres semanas logramos levantar esta ruka, que tiene quince metros de largo por seis de ancho.
Convocamos a todo el colegio para que participara, porque estábamos construyendo nuestra casa. Los niños chicos eran los más alegres. Tocaban la madera, me venían a ayudar. Vieron cómo nace una ruka desde el inicio, igual como yo cuando era niño.
Al terminar la ruka, empezaron a llegar los estudiantes. Los atendí, con un fogón, un mate y un tukún, una conversación. Les dije: las dos cosas fundamentales para vivir la ruka son el ekún, el respeto, por las cosas, las personas y uno mismo; y el alkutún, el poder de escuchar. Otra cosa –les expliqué– aquí, cuando toca el timbre del recreo, no se corre para salir. Toca el timbre, termina nuestra conversación y el que está al lado mío pasa a despedirse de mano, uno por uno, como mapuche, diciendo peukallal, adiós.
Con la ruka lista, celebramos masivamente el Wetripantu, el regreso del sol o año nuevo. Llegaron todas las comunidades de alrededor y muchos invitados. También las machis y los lonkos, las autoridades políticas y religiosas del pueblo mapuche. Me puso muy contento que nuestros estudiantes vieran una verdadera ceremonia mapuche en su escuela. Días antes, vino el lonko más antiguo a conversar conmigo, me dijo: necesito que usted sea el lonko en la ceremonia y en el colegio. Es un enorme orgullo, no le pude decir que no. El lonko es el jefe de una comunidad, quien dirige a las machis en las ceremonias. A lo mejor aquí en el colegio no se ve como importante, pero en mi cultura sí. Es una gran responsabilidad, un honor. Ahora, para mi pueblo, yo soy el jefe de esta comunidad educativa, yo soy el lonko.
Como constructor de la ruka, hoy siento que he cumplido y debo entregarla. Quedará a cargo de los directivos del liceo, ellos enfocarán cómo la van a utilizar. Si me invitan a seguir participando, lo voy a hacer. Lo que me interesa es que se cumpla el objetivo: lograr que aquí se enseñe mi cultura, tal como a mí me la enseñó mi abuela”.

