Cochino, barroco, proletario. Me recordó a Pedro Lemebel, por los apodos jocosos (la Poto Malo, la Ambulancia, el Astronauta). Tiene oficio Rivera Letelier, logra ese juego que me encanta que es mezclar la jerga callejera cuma con un léxico refinado. Tiene oficio escritural el viejo, alude al azul de Darío, introduce a la Mistral en un poster con bigotes pintados, cita a Neruda, compara a una prostituta blanca y gorda con Moby Dick. Lo que más me gustó fue leer sobre la forma de vida del explotado pueblo en las pampas salitreras, eso de acostarse en catres izados del suelo sobre tarros viejos; dormir en sábanas de sacos de harina; trabajar de sol a sol para ganar en fichas y morir de silicosis. Me encantó la enumeración de comidas, eso de desayunar leche con harina tostada, el pan con mortadela, la cazuela coronada con porotos verdes. Hermoso po. Tengo una teoría: salvo por Violeta Parra, algunos pasajes de la Mistral y la reina Pedro Lemebel, el realismo social chileno hasta la década de los dos mil ha sido hegemónicamente narrado por varones. González Vera, Manuel Rojas, Gómez Morel, Rivera Letelier, Pablo de Rokha, Nicomedes Guzmán. Proletas, sí, pero varones al fin. Es después de los dos mil que aparecen obras como Piñen, de Daniela Catrileo, o Qué Vergüenza, de Paulina Flores, o incluso Quiltras, de su servidora. Mujeres narrando desde la clase popular es algo nuevo, quizá por eso es que dichos títulos han resonado tanto. Qué no me gustó del libro: que encuentro problemático que un varón relate la experiencia de la prostitución femenina. Hay que tener coraje, ser bien patudo. La prostitución femenina es uno de los tópicos no resueltos del feminismo. No hay concenso. Hay autoras que lo defienden como una gran experiencia de vida, como Virgine Despentes; mientras otras lo señalan como una más de las explotaciones patriarcales y como una experiencia de hambre, no una decisión feliz, como Camila Sosa Villada. ¿Qué opino yo? Que es un problema interseccional, no es lo mismo ser puta cuica que puta proleta. Creo en los matices. No me gustó que el libro retratara la prostitución como un llamado divino, alegre, casi altruista. Hay en esta novela un ethos masculino que detesto, ese que romantiza la pedofilia y naturaliza el deseo sexual masculino como una fuerza animal incontrolable. Reproduce la cultura de la violación. En esta historia una niña de once años se enamora de un tipo de veinticuatro y le regala su flor. Eso se cuenta edulcorado, cuando en realidad debiera escandalizarnos. En esta novela un grupo de hombres viola hasta la muerte a una prostituta recién estrenada. Y sin embargo, en este libro se ensalza la épica sindicalista de los obreros del salitre. Se condena la avaricia del patrón que pagaba en fichas. Se celebra la epopeya allendista. Dice la misma Virgine Despentes que hay que ser idiota o absolutamente deshonesto para condenar la explotación obrera y juzgr que la explotación patriarcal está llena de poesía. Dice Brigitte Vasallo que el patriarca es un solo macho capitalista. El discurso explícito de "La Reina Isabel cantaba rancheras" es machista, nada que hacer. Gracias a mí misma por comprar una copia de esta obra en Cuba, hace muchos, muchos años atrás. Y a Simón Soto, por meterme en el mismo saco que este viejujo cochino. Pese a las diferencias políticas, me honra la comparación.
jueves, 31 de julio de 2025
jueves, 13 de marzo de 2025
What my mom thinks about my first fiction novel
El realismo mágico, precioso. La forma como los árboles y las plantas le entregan sus "recuerdos o vivencias" a Rayén. Imágenes que son gravitantes en el entender qué pasó y cómo fue. Además hermosa la forma de comunicarse y relacionarse con la naturaleza.
Las vivencias familiares. Bueno, descubro a ti abuela en esa Chuchu, en el comportamiento mezquino con la comida o tener que atender el negocio. Exacerbado de pronto. De todas formas creo que es el comportamiento de muchísimos viejitos víctimas del rigor de su infancia y juventud. Es un personaje universal. Ella es una matriarca. Y el Nachito es un Dieguito, me duele más.
Además es hermoso que hayas ocupado la lucha que dimos cómo comunidad contra la megaplanta y la de tu hermana y las mujeres de la coordinadora en particular. Refleja la impunidad y la indefensión en la que vivimos las comunidades de territorios más pobres y expuestos de la sociedad. Deja de manifiesto esa otra forma de explotación de la tierra, condenando a los pobres a vivir en lugares contaminados y la forma de hacer callar a la gente. Matándoles a sus dirigentes o voces más sonoras y así callándolos para siempre. El fin justifica los medios
El final, me hubiese gustado que Nachito se quedara viviendo con Rayén, pero es perfecto que ella decida estudiar, desarrollarse, de lo contrario hubiese sido repetir la historia de las mujeres de su familia. Me encanta que ella tenga anhelos.
Nachito, me da pena que se haya quedado solo, forjándose un futuro. Pero de seguro le irá súper.
Las cartas son como el epílogo. Igual me hubiese gustado leer las peripecias de Nachito con los tíos y todo lo que cuenta en su carta. Triste y hermosa tu novela.
Cobarde, pero estaba cansado el viejo. Pagando en vida todas las barbaridades, con la inconsciencia de siempre. No una gota de arrepentimiento ni autocrítica. Se me asemeja a mi papá.
No hay justicia.
Mi opinión es muy desde la cultura de una simple lectora ignorante. Sin academia.
Un thriller político con tintes de realismo mágico donde la tragedia ecológica se encuentra con la belleza esperanzadora de la naturaleza.
lunes, 29 de julio de 2024
Página 202 de Mala Onda, de Alberto Fuguet
Decido mirarla fijo. Mirarla a los ojos, como me lo enseñó mi madre. Ella no responde, no acusa recibo, pero me consta que se sabe observada. Me impresiona su fuerza de voluntad. No es que crea que me ama o alguna ingenuidad por el estilo; más bien me sorprende eso de que haya logrado sacarme, así de raíz, de su sistema. Dicho y hecho. No es que haya sido importante para ella alguna vez. Lo dudo. Aunque igual sueño que lo fui. Uno tiene esa prerrogativa: creer que porque uno sintió algo, ese algo de alguna manera logró colarse y depositarse en el sistema digestivo del otro. Por ejemplo, se me ocurre –estoy seguro- que cada vez que ella come pan con palta se acuerda de mí. Quizás no sea verdad. Quizás sí. Nunca lo voy a saber. Incluso si me lo jurara, igual puede ser un invento, una mentira. Uno nunca está del todo seguro. La seguridad surge tan sólo de lo que uno cree, creo. Y yo creo, yo siento, estoy seguro de que eso de no acusar recibo, de no mirarme, de hacerse la indiferente, es la señal más irrefutable de que aún le importo. O, por lo menos, de que me odia pero que, alguna vez, en alguna época pasada cuando todo era mucho pero mucho más fácil, ella me tuvo en cuenta.
El pasado, creo, es mucho más difícil de ocultar que el presente. Por eso, todos en el living en tonos pasteles de la Rosita Barros pueden poner sus manos al fuego de la chimenea y asegurar: “Si, es cierto, es evidente, entre ellos dos hubo, y quizás todavía hay, algo”. En veinte años más, pienso, cuando ella esté casada con el McClure o alguien parecido y averigüe por causalidad sobre mi paradero, de mi vida y mis probables fracasos, estoy seguro de que esos ojos que tiene se llenarán de curiosidad y de nostalgia y hasta de envidia. Y dirá: “Hice lo correcto. No era mi tipo”
Y lo más triste del asunto es que va a tener razón: no soy su tipo. Al menos, ya no lo soy. Porque de que lo fui, lo fui. Pero algo pasó. Y este es el resultado, supongo.
domingo, 28 de abril de 2024
Apuntes de La invención de Morel
Alfredo Gómez Morel estuvo preso en la cárcel de Valparaíso. Tuvo dos hijos y vivió con ellos y su esposa en La Granja, Santiago sur. El incestuoso pasaje "La botella", de su novela "El Río", es autobiográfico. Alberto Fuguet fue el primer cuico que le prestó atención, publicando artículos sobre él y Luis Rivano en la Zona de Contacto. Estuvo internado en el hospital El Pino de San Bernardo. Era alcohólico, murió en el despojo y la miseria absoluta, desnudo, tal como nació.
El alcohol no es buen consuelo para la soledad, ahorra para una casa, la mayoría de los escritores proletarios no abandona jamás su condición de proletariedad.
lunes, 12 de abril de 2021
Las Heridas, de Arelis Uribe (Planeta): "Novela breve, honesta, muy bien escrita y armada de poderosas emociones"
La historia comienza el 14 de febrero, el Día del Amor, y termina 20 días después, luego de un funeral. En ella hay amor, por cierto, pero también pérdidas: la del padre y la de la relación amorosa más importante de la narradora. Heridas y rupturas que estremecen la vida de Arelis, la protagonista, y activan la memoria. La primera novela de la autora de Quiltras nace de las heridas, y se mueve entre el presente y un pasado sembrado de dolores: la pobreza, la enfermedad, el fracaso familiar, la violencia de las desigualdades sociales y de género. Un pasado donde leemos también el despertar de la rebeldía, el hallazgo de la identidad y de una visión sobre el mundo. “La muerte es la herida que absorbe todas las heridas”, dice la narradora de esta novela breve, honesta, muy bien escrita y armada de poderosas emociones. Novela familiar y de formación, relato generacional, Las heridas amplía el sobresaliente proyecto narrativo de Arelis Uribe.
https://www.latercera.com/culto/2021/04/09/resenas-de-libros-de-oliver-sacks-a-arelis-uribe/?outputType=amp

