jueves, 20 de febrero de 2014
He leído una cantidad vergozosa de libros
Me registré en gooreads.com y me di cuenta de que he leído una cantidad vergonzosa de libros. Cuando chica leí el mismo cuento una y otra vez, que es El Gato con Botas, entonces hasta como los diez años sólo había leído un maldito libro. Descontando a Papelucho, La Tortilla Corredora y otros enanos de la editorial Zig-Zag. Aunque se puede considerar a Anthony Brown como una excepción, él fue el primer ilustrador que me gustó en la vida y que descubrí como a los 7 años cuando en vez de salir a recreo fui a la biblioteca de mi colegio a mirar libros porque en mi casa no había. En fin. Hoy me di cuenta de que desperdicié toda la adolescencia leyendo libros malos que me daba mi profe de lenguaje, como Sobredosis de Fuguet, los mamones de José Luis Rosasco y todos esos misóginos de Cuauhtemoc Sánchez. Así se me pasó la vida hasta los 18, leyendo entremedio una que otra cosa buena, como a Aldous Huxley, pero con un alto índice de lecturas malas, influenciadas por el gusto de best seller que había en mi casa. Entonces de Luis Rosasco me pasaba a Isabel Allende o Paulo Coelho y esa clase de tragedias. Menos mal a los 18 estuve en esos talleres de la Zona de Contacto y conocí gente que me recomendó libros que al menos yo no tenía idea que existían y resultaron buenos. Ahí conocí a Kerouac, Bukowski o Irving. Me leí los cuentos que la Zona había publicado también, que no eran la raja, pero al menos tenían buenas frases y no eran textos de autoayuda camuflados. En la U la curva siguió en ascenso, porque ahí aparecieron puros compañeros ñoños con los que comentábamos libros, películas y todas esas cosas que debí haber experimentado a los 15 y no a los 20. Además, coincidió que me puse a pololear con Paredes y cuando fui a su casa casi me caí de poto cuando vi todos los libros que tenían. Nunca había visto una casa con tantos libros y me quería morir de lo ignorante. Lo bueno es que era una fuente inagotable de exploración. Ahí leí a Saramago, a Orwell y a Quino. Lo otro es que la Usach estaba al lado, al lado, al lado de la Biblioteca de Santiago, entonces igual iba harto a echar mano allí. Los libros que me dieron para leer en la U tampoco fueron malos. Leí a Capote, más de Bukowski, a Miller (que odié en verdad), a Greene, a José Donoso y a Radrigán. Buena igual po, leer literatura entremedio de libros fomes de Teoría de la Comunicación. En paralelo, también me compraba libros como en abstinencia, como para ponerme al día de todo lo que me faltaba. Una sensación que todavía no se me pasa. Para más remate, como soy enferma de ñoña, todo el semestre que me fui a Argentina en el 2010 no leí nada de literatura -sólo los Detectives Salvajes (mi libro favorito, por lejos), Las Venas Abiertas de América Latina (hay que hacerlo algún día) y Rayuela (otro bacanoso adolescente)- y puro me dediqué a estudiar en serio la bibliografía de los ramos. Igual quedé seca en Perón y en historia de Argentina, pero na que ver po. El placer por sobre el deber debería ser mi lema, pero no es. Después en el 2012 y 2013 fue lo mismo mientras hice el magíster. Puro leí Foucault, Ranciére, Mouffe, Arendt, Platón y esos textos cabezones pero buenos de los que una aprende pero que no son literatura ni relatos bonitos. Igual entremedio leí a Paul Auster, Joseph Conrad y Zambra; y un profe de filosofía para un ramo me recomendó leer a Pablo De Rokha y a Margueritte Duras, pero sigue siendo insuficiente. En fin, entré a ese sitio goodreads.com y cuando me puse a llenar la lista de libros que ya leí, por la cresta me dije, qué pocos libros que he leído esto es vergonzoso. Son un poco más de cien, como 130, en diez años más o menos. Y de ahí diez son unos horrendos que mi profe de lenguaje de la media me hizo leer.
Nada po, estoy con depresión por lo horriblemente ignorante que soy y porque parece que nunca voy a leer esos otros 50 libros que tengo por leer y que marqué en la paginita. Si he leído 130 en 10 años, es como un libro al mes, así que esos 50 libros los terminaré en unos cuatro años más. Caleta po. La vida es demasiado corta para tanto libro bueno por la chucha.
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