miércoles, 25 de noviembre de 2015

Libros invisibles

Para no morir de hambre, Bolaño escribía cuentos y los enviaba a concursos literarios miserables. A veces el premio era plata y la publicación del libro del concurso, reuniendo a los finalistas. A esas antologías Bolaño las llamaba "libros invisibles".


El martes me entregaron mi tercer libro invisible. Obtuve una mención honrosa en el concurso "Cuento Kilómetros".

He pensado varias cosas después la premiación.

1. Reuní a mi papá y a mi mamá. Nos tomaron fotos. Hace años que no tenía una foto con ellos. No lo pienso por nostalgia o por algún sueño infantil tipo "espero que mis papás vuelvan a estar juntos". No. Me gusta tener un registro de que alguna vez los tres estuvimos vivos y felices.

Mi papá joteándose a la mimo.


2. Empecé a concursar el año pasado. No sabía nada de la escena literaria chilena. Ahora que me han premiado, me doy cuenta de que este mundillo no es un círculo, sino un asterisco. En la premiación de esta semana, estaba Federico Zurita, a quien conocí por los cuentos Paula. Antes, Federico fue finalista en otro certamen, junto a Katiuska Oyarzún, chiquilla que ahora es mi compañera de curso en un taller de narrativa en la Católica. Mientras comíamos canapés, la ganadora, Maivo, comentó que asiste a un taller literario que encontró en Facebook. ¿Quién organiza eso? Le pregunté. Y ella: Javier Bertossi. Y yo: con la Danae Tapia. Y ella: sí. Y yo: también los conozco, son periodistas. Además de todos esos cruces, una de las menciones honrosas fue al evento con su polola, una mina que estuvo pero no terminó el taller de crónica de Juan Pablo Meneses, en el que yo también participé. Antes de irme, me fui a despedir de una de las organizadoras, que me entregó diez copias del libro invisible. Su cara me sonaba y le pregunté si había impartido algún taller en Balmaceda 1215. Y, obvio: había sido mi profe en un taller literario para jóvenes. Seis grados de separación, conspiración, mundo chico.

3. Una de las menciones honrosas era una señora que nunca había escrito ni participado en concursos. Fue a la ceremonia con sus hijos. Era bonito el contraste: ella con sus hijos, felicitándola, y yo, hija, con mis padres, adorándome. La señora le pidió a cada finalista que le firmara el libro. 

- ¿Cuántos años tienes? -me preguntó, mientras yo inventaba algo que escribirle.
- Veintiocho.
- Imagínate cómo vas a escribir cuando tengas mi edad -dijo.

Amé su frase. Esa esperanza es lo único que me mantiene escribiendo: la certeza de que a los 40 voy a ser mejor que ahora.

Eso es todo.

Ahora, una foto feliz para el cierre.

martes, 17 de noviembre de 2015

Eres una maldita escritora

Al cierre: 

- Felicitaciones, eres una maldita escritora. Sabes crear atmósferas cotidianas y envolver al lector en tus tramas. Tienes la extraña virtud de no ser barroca ni enmarañada de forma innecesaria, porque avanzas como una flecha y casi nunca hay elementos sobrantes. Creo que podrías sumar unas dos piezas más, porque el libro se deja leer muy rápido y dan ganas de saber más, de conocer las historias de esas quiltras periféricas. A favor, todo el tiempo, es que hilas los relatos con un lenguaje sencillo, pero que tras aquello muestra un tesón para saber hilar bien cada parte, sin mostrar nunca la parte del zurcido. Eso sí, creo que está faltando exponer un poco más el tema del duelo o la muerte en algún posible relato. A la mente se me viene un cuento que se llama “el mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan”, de Patricio Pron. No sé por qué, pero creo que conecta muy bien con tu historia de Miss Lola. Léelo si lo encuentras! Y eso de momento. Ya tienes las armas para escribir, ahora debes salir y mostrar tu trabajo al mundo.

Un abrazo, de su humilde servidor.

*Le envié el primer tiraje de cuentos a un amigo. Me dijo esto. Estoy esperanzada y feliz.  

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Hace menos de dos años

Sufro el síndrome del impostor. De la impostora. Necesito meditar racionalmente para no tirarme mierda todo el tiempo. Necesito autobombo. Solo diré lo siguiente para sentirme bien. En abril del año pasado —exactamente hace un año y ocho meses— participé en un taller de crónica. Entonces quise retomar eso de escribir, pero en serio. Participando en concursos y todo. Resultado: quedé finalista (mas no gané) en cuatro certámenes. Cuento, crónica y columna de opinión. Es un buen resultado para solo haberme puesto a escribir en serio o profesionalmente hace menos de dos años. Tengo que pensar en esto cuando quiera tirarme un gato encima para que me rasguñe hasta morir. 

martes, 10 de noviembre de 2015

Contar historias de la mejor manera posible

Mi historia es corta: me llamo Arelis Uribe, tengo 28 años, estudié periodismo en la Usach y hace dos años decidí que quería vivir de contar historias de la mejor manera posible. Historias reales o ficticias. De la vida de los otros o de la mía. Escribir es un ejercicio de resistencia, decía Bolaño, es correr una maratón, según Murakami. Es un deporte que duele. Para sobrevivir en la aeróbica de coordinar las palabras, he seguido a escritores como Juan Pablo Meneses, Daniel Titinger o María José Viera-Gallo, con la esperanza de que sus talleres hagan mi carrera menos tortuosa. Ha funcionado (un poco). He obtenido algunos galardones: fui finalista del concurso de cuentos de Revista Paula, del concurso de crónicas Las Nuevas Plumas y del premio periodístico Pobre el que no cambia de mirada. Pero los galardones no son la meta, son solo parte del entrenamiento. La meta verdadera es contar historias como nadie antes. Los talleres ayudan en eso. Por eso postulo a éste. Porque entrenar la pluma es una necesidad que se padece toda la vida.

 *Autobiografía para postular al taller de crónica de Josefina Licitra.