miércoles, 7 de agosto de 2013

Ernesto Cardenal, Epigramas

Se me apareció Ernesto Cardenal, como se me han ido apareciendo otras cosas, como el Abbey Road en cassette pirata botado en la calle y los libros de Anthony Brown en la biblioteca de mi colegio flaite.

Yo soy una chiquilla muy ignorante, que no sabe muchas cosas, entonces digamos que nunca he sido culta, lo que sé es porque se me aparece. Luego de la aparición, viene la afección. Porque hay cosas que se aparecen para que una las quiera. Esta semana se me apareció Ernesto Cardenal.

Estaba en la casa de los papás de Víctor, que es la primera casa que conocí que tuviera libros y muertos, como diría Alejandro Zambra. Agarré de la biblioteca una edición de esos libros chicos como de feria artesanal y era Ernesto Cardenal, que físicamente es un retrato del Che Guevara si hubiera llegado a viejo.Eran sus epigramas, sus poemas picaos a piropos para chiquillas latinoamericanas.

De todos los poemas, me gustaron tres: uno que es como de la rabia política y el despecho amoroso (la mayoría son así, pero ahora lo pego acá abajo y me van a entender), otro que decía algo que yo había pensado, pero no tan bonito, que es que en vez de matar a los subversivos y enterrarlos para siempre, lo que hicieron los dictadores latinoamericanos fue enterrar una semilla. Imagen más linda por la chucha. El otro no me acuerdo cuál es, pero también era bonito.

Un bacán Ernesto Cardenal. Regálenme libros de él.


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