Hay dos cosas que me sorprenden del mundo. Una, que no importa con qué escribas, sea un lápiz, una ramita de árbol o con tu dedo en un vidrio empañado; la forma de la letra que surja de tu mano siempre será igual. La caligrafía viene de la cabeza y no de la mano que empuña. Dos, que los bosques de las ciudades se construyen, los árboles llegan porque una persona los plantó allí; con la arboleda instalada, llegan los pájaros, sin que nadie los tenga que comprar para colocarlos en la ciudad. Los pajaritos se plantan solos, para mí, ésa es la definición misma de libertad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario