Sufro el síndrome del impostor. De la impostora. Necesito meditar racionalmente para no tirarme mierda todo el tiempo. Necesito autobombo. Solo diré lo siguiente para sentirme bien. En abril del año pasado —exactamente hace un año y ocho meses— participé en un taller de crónica. Entonces quise retomar eso de escribir, pero en serio. Participando en concursos y todo. Resultado: quedé finalista (mas no gané) en cuatro certámenes. Cuento, crónica y columna de opinión. Es un buen resultado para solo haberme puesto a escribir en serio o profesionalmente hace menos de dos años. Tengo que pensar en esto cuando quiera tirarme un gato encima para que me rasguñe hasta morir.
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