lunes, 10 de agosto de 2015

Eso es la literatura para mí: una amante

Enciende un cigarrillo, de corta vida y prosigue su soliloquio: "... Aceptaría que después de tantos años ya he dado lo mejor de mí, que esto se acabó, pero no me preocupa. Nunca he sido un esclavo del escribir, como lo son Vargas Llosa o García Márquez. Alguna vez se lo he dicho a ellos: lo que tú tienes son relaciones conyugales con la literatura, tienes que cumplir con tu señora esposa, mientras que yo tengo relaciones pasionales con mi amante, eso es la literatura para mí: una amante. Cuando noto esa pasión, escribo, y cuando no, pues no. En un pasado reciente estuve muchos años sin escribir, tenía asuntos personales que arreglar y no pasó nada". JC Onetti.

http://elpais.com/diario/1993/03/15/cultura/732150002_850215.html  

martes, 4 de agosto de 2015

Es tu momento

Una vez al mes, me junto con un grupo de amigos que conocí en un taller literario. Juan Pablo Meneses, nuestro maestro, también llega. Tomamos cerveza y hablamos de los triunfitos literarios y narrativos de cada uno. El último lunes, escuchamos felices y atentos a una de las chicas, que está pronta a lanzar su primer libro de cuentos. ¿Y tú? -me dijo Meneses- estás en el momento de escribir algo. Sí, le contesté, estoy pensando en un libro de cuentos. Haz crónica, me respondió él, y hazlo pronto. Es tu momento, no solo por la edad, sino porque es la secuencia lógica: recibiste el Nuevas Plumas, el Paula. Es natural, lo que viene. Escríbelo ahora, para que no digas con nostalgia "una vez, hace 15 años, me gané un premio". Le conté que lo había pensado, que tenía ganas. Dale nomás, me dijo al final, no te estoy obligando, pero te estoy obligando.

viernes, 5 de junio de 2015

Contar es el oficio del intento

"Larraín comienza a disparar. Los guardaespaldas lo increpan:

-¡Oiga!, ¿por qué usted toma tantas fotos?- le dice uno de ellos.

-Porque después hay que seleccionar la mejor- contesta Larraín".

En la fotografía se dispara cientos de veces, en las artes escénicas se ensaya hasta el cansancio, en la escritura se esbozan borradores al infinito. Contar es el oficio del intento.

 http://www.theclinic.cl/2011/07/03/sergio-larrain-fotografo/ 

lunes, 11 de mayo de 2015

El feminismo es revolución

"Si el feminismo es revolución, y si no se convierte una en revolucionaria por la ciencia, sino por la indignación, nos parecía evidente entonces que a las feministas correspondiese el lenguaje del arrojo y no la inexpresividad de la mesura, puesto que en este último caso nos encontraríamos frente a un grupo oprimido que (a primera vista) renunciaría a emplear el lenguaje de su rebeldía, para compartir, con todo respeto, el lenguaje del orden".
 Julieta Kirkwood 

martes, 3 de febrero de 2015

Escribir es tan difícil como componer una sinfonía fantástica

¿Un maestro del periodismo como tú se angustia con las entregas de sus textos?

Es que escribir es tan difícil como componer una sinfonía clásica. Cada instrumento tiene su propósito, así como cada personaje debe tenerlo en un relato. El lenguaje escrito tiene una música interior. Por intuición, sé cuando hay cosas que no sintonizan y ahí está el desafío: poner tu creatividad para que todo suene de forma armónica. Es algo que está más allá del periodismo.

http://www.paula.cl/entrevista/las-aventuras-de-un-reportero-estrella/

En mis recuerdos el maestro decía sinfonía "fantástica". Suena mejor.

lunes, 2 de febrero de 2015

Una Espina en el avión

Lan me cambió el asiento a primera clase y viajé de Temuco a Santiago sentada en la misma fila que Alberto Espina. Me tocó ventana y a él pasillo, al medio se sentó su acompañante, un ingeniero comercial cuarentón, rubio y con un reloj enorme, que -me fijé- usaba los calcetines al revés. Iban leyendo el diario. Espina The Clinic y el otro hojeaba La Tercera. “Puta que escriben bien estos hueones, tienen la mejor pluma”, decía el senador. Gracias, pensaba yo. El ingeniero leía el diario abriendo mucho los brazos, traspasando mi espacio aéreo, con esa actitud de dueño del mundo, de patrón de fundo, que no le pide permiso ni disculpas a nadie. Se fueron todo el camino conversando, yo hacía como que leía, pero iba parando la oreja y tomando notas mentales de todo. Que cómo se te ocurre irte de un partido y formar uno nuevo cuando el presidente está a pocos meses de renunciar. Que Lavín, pobrecito, si es tan bueno, es cosa de mirarle la cara, ese hueón es un santo, si toda la plata que ha donado a la Teletón a través de la Universidad del Desarrollo. Que Huenchumilla, a ese indio lo tienen como si fuera un héroe, las viejas se toman fotos con él. Que Labbé, que lo tienen hasta el pico, que le han dado como caja, el pago de Chile nomás, perrito. Que lo que pasa es que en Chile los directores son de derecha, pero todos los periodistas son de izquierda, mi hija que trabajaba en La Tercera online me contó que cuando Piñera estuvo mal en las encuestas los hueones celebraban, imagínate, daban saltos, hueón, lo que hay que hacer es juntar a cinco empresarios y hacemos un diario de verdad, hueón, y le volamos la raja a estos conchasumadres. Que la gorda, que la reforma al binominal, la educativa, la tributaria. Yo miraba por la ventana, disfrutando las luces de la ciudad que, de noche, parecen un collar de piedritas finas y brillantes, mientras intentaba memorizar las frases de Espina y lo miraba de reojo, sorprendida de lo completamente blanco que está. El aeromozo interrumpió la conversación al llegar con su carrito. Nos preguntó si queríamos comer. Espina: no, viejito, un vaso de agua nomás. El ingeniero: yo también quiero un vaso de agua solamente. Yo: deme todo lo que hay. El aeromozo me pasó mi comida y le entregó los vasos de agua a los compinches. "Gracias, si nosotros salimos re baratos”, dijo Espina y los dos se rieron con ganas. Sí, conchatumadre, pensé yo, comiéndome mi pote de fruta tropical, apretándome la lengua para no decirle nada. 

sábado, 6 de diciembre de 2014

La vil condición humana de buscar el reconocimiento de los pares

Envié "Quiltras" al concurso de cuentos de la Revista Paula sin ninguna fe. Al mes, me llamaron para decirme que quedé finalista. No sé qué pensar de eso. No sé si realmente refleja algo -¿talento, pasta, suerte?- si significa que debo seguir escribiendo o qué.

Hay días en que creo que sí, que algo bueno puede salir de todas las horas que le dedico a la escritura, sentada sola en el living de mi casa mientras tomo litros y litros de té. Otras veces, leo a Zambra o a nuevos escritores y escritoras que se me aparecen -como Romina Paula, grosa- y quiero abortar misión porque es imposible escribir así, porque escribo como un simio al lado de ellos y ellas. Me duele escribir, me hace sufrir, me quiero matar cuando no escribo lo suficientemente bien.

Aunque he recibido piropos -ja, elogios, querrás decir- bonitos, como el que me dio una escritora con el que hice un taller de cuentos este 2014. Le envié un mail con el borrador de cuento que trabajaba en su taller, y me respondió esto.

"Arelis. te mando el cuento revisado, para que no se me vaya. Me gusta mucho mucho. El tono especialmente, o la voz. Que es mucho. Solo creo que hay que trabajar el final. Hoy lo vemos. Mientras tanto algunos comentarios sigue escribiendo. Mándalo a algún concurso cuando esté OK. Cariños".

Le hice caso, participé en un concurso, pero no con el que trabajé en su taller. Cuando supe de la nominación, le escribí para contarle. Ésta fue su respuesta.

"¡¡No sabes cómo me alegro!! Creo que eres talentosa y punto. Entre las otras finalistas está María Paz Rodríguez, editora. Háblale de mi parte. Tu cuento bien podría ser publicado en Ebooks Patagonia que ella dirige. Arelis, me interesa cómo puedas seguir en la literatura. Por favor no te pierdas. ¡Salud!".

Cuando me achaco, me gusta leer comentarios como éste. Supongo que la vil condición humana es buscar permanentemente el reconocimiento de los pares. En especial, de personas que admiramos y respetamos. Al final todo es cuestión de gustos y lo que yo hago puede que le guste a alguna gente y otra lo encuentre una reverenda mierda. Esa incertidumbre de inseguridad es lo que me revienta, lo que me tortura a la hora de escribir. La imposibilidad de saber a ciencia cierta si lo que hago es bueno o no.