sábado, 1 de marzo de 2014

Escribiendo como lo hacen todos puro se hace girar la rueda

Hoy fui a una especie de taller o charla de guión de cuentos cortos. Lo organizaba Plagio, los del Santiago en 100 palabras, y fui porque hace rato que siento la necesidad de aprender estructura para escribir. Tengo una deuda ahí.

Tenía miedo de que el taller fuera un espacio de encuentro de "escritores" frustrados, que se reúnen en grupos literarios que más parecen grupos de autoayuda. Y aunque un par de personas hicieron comentarios que me parecieron bobos o ingenuos, las dos horas que duró la clase anduvieron bastante bien.

El taller lo impartía Patricio Jara, del que nunca había escuchado, pero que agradezco haber conocido. Era simpático y enseñó la estructura y algunas técnicas del cuento breve a partir de la exposición de muy buenos ejemplos. Este periodista y escritor tiene buen gusto de lector y pudo transmitir eso en el encuentro. Descubrí nuevos narradores y leí hartos cuentos que agradezco haber encontrado. En ese sentido fue pura ganancia. Lo otro es que sus "tips" o consejos también me parecieron útiles. Cosas como la diferencia entre trama y argumento o la importancia de decidir el tipo de voz, el tiempo de la narración, etc, que van más allá de la teoría, sino que ayudan a organizar el producto final. Súper bacán.

Los comentarios que me parecieron ingenuos fueron cosas como "¿nos puedes dar tips de lo que el jurado quiere leer? Llevo siete años participando y nunca he ganado nada". Loco, por qué vai a escribir pensando que querís ganar un premio. Eso Bolaño nomás lo hizo, y porque era un monstruo. El profe respondió, algo que comparto, que el ejercicio de la escritura es por diversión, por la necesidad de contar algo, para poner en otro lenguaje una idea que te persigue. Si escribes algo y no recibes premios por eso y decides tirar la toalla, qué charcha eres. Qué poco honesto con la literatura es escribir para ganar premios. 

Lo otro que no compartí es que varia gente dijo cosas como "yo escribo porque me desahogo, porque es un ejercicio catártico, porque me encuentro con mi yo" y otras cosas como de Marcela Serrano. Pucha, yo pienso todo lo contrario. Sí, lo paso bien escribiendo -ahora mismo me siento la raja- pero en realidad no sé si lo disfruto tanto. En verdad sufro, sudo, me duele la cabeza, me agarro la frente a dos manos calculando y escogiendo las palabras que mejor digan lo que quiero expresar. Es un ejercicio doloroso, como de entrenamiento del gimnasio. Hay que entrenar para que salga bien, caerse y pifiarse, pero con el tiempo se refina. Al menos eso creo. Al menos eso noto cuando leo cosas feas que escribí hace diez años. Aún así, falta mucho. Es tan perfectible como disciplina que no entiendo a esas señoras que dicen que lo hacen por hobbie. Para mí escribir no es como leer o ver una película. Lo primero me adolece, lo segundo me relaja.

Capaz que yo esté mal y esté sufriendo por las puras. En fin, eso fue el taller. Quedé pensando que me gustaría hacer uno en serio. Así como con Zambra o con este mismo chiquillo Jara. Después de todo, mi objetivo es ése: escribir cada vez mejor, aportarle al periodismo con un poco de literatura, salir de la plantilla fome del comunicado de prensa. Escribiendo como lo hacen todos  puro se hace girar la rueda y no pasa nada nuevo. Y eso, en cualquier disciplina, es muy fome. 

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