sábado, 17 de mayo de 2014

Díganme que escribo bien

Hace diez años que salí del colegio, del mismo colegio de Cuarto Medio. Es curioso que cuando se cumple una década, ese colegio empieza a salir en la tele. Me ha servido para reflexionar caleta sobre las diferencias entre las arolas del 2004 y la del 2014. En diez años han pasado ene cosas.

Si alguien ve Cuarto Medio, puede ver a la legua que se trata de un colegio en el que estudian jóvenes con la pobreza material y cultural en contra, pero con harta garra y agallas. Yo era matea y lo matea me llevó a la universidad y ahora a hacer un magíster. Yo creo que ése es mi único mérito, lo demás es conspiración del contexto: tener un papá que, aunque separado de mi mamá, siempre me apoyó con plata; tener una mamá que todos los días me dijo que tenía que ir a la universidad; tener antecedentes en la familia de lo distinta que era la vida entre tener un título universitario y no tenerlo.

Además de todo eso, lo que me "salvó" -odio cómo suena eso- fue El Mercurio. Es raro decirlo, pero es cierto. Cuando salí de cuarto medio y el puntaje no me alcanzó para una carrera y una universidad que me convencieran, hice preu un año completo. Mi mamá me tenía paciencia, pero mi papá siempre fue como frío -hasta ahora lo es- con todo lo que respecta a mis logros, metas o proyectos. En paralelo, mi vida era más bien fome: mi mamá trabajaba todo el día y mi única utilidad era hacer el aseo en mi casa y cuidar a mis hermanos chicos. Siempre fui matea y me sacaba buenas notas, pero nunca me destacaron un talento particular, salvo limpiar bien la cocina.

En eso estaba cuando escribí un texto para postular a los talleres de la Zona de Contacto. Cuando quedé y cuando el editor me dijo que escribía bien y que por eso estaba allí me di cuenta de que servía para algo. Ir a esos talleres y sentirme valorada por un editor fue un salvavidas, una mano amiga, un puente a otra cosa y todas esas metáforas cursis y repetidas. Por fin alguien me decía que servía para algo específico. Desde ese momento, a mediados del 2005, me obsesioné con una única idea: quiero escribir bien. Quiero que cuando alguien piense en mí, piense en alguien que escribe bien. La idea me acompaña siempre, la pienso todos los días. Si hay algo que deseo que la gente piense sobre mí es eso: que escribo la raja, que tengo una muy buena pluma.

Hasta ahora, me he esmerado en pulir ese estilo, trato de leer mucho y de escribir más. La práctica hace al maestro, dicen. Pero me falta. Siempre que pienso que llegué a un buen nivel me doy cuenta de que todavía necesito seguir aprendiendo. Pero los elogios me mantienen viva. No hay nada que me haga más feliz que leer comentarios como "excelente redacción. Te agradezco la buena pluma, cada vez más difícil de encontrar en los blogs" o "Tienes una gran pluma y te digo que soy una lectora compulsiva de columnas". De verdad, la persona que me diga que escribo bien se gana toda mi simpatía, aprecio y afecto.

Mi talón de quiles es que me digan que escribo bien. Díganmelo y me entregaré como una gatita sumisa. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario