Soy periodista, entré a la escritura por la puerta de la no-ficción. Primero columnas, que pensé como mini-ensayos que mezclaban filosofía política con autobiografía y cultura pop. Después, crónica, que es cuando el periodismo conoce a la literatura. Una crónica es un reportaje contado con maestría. En la universidad, descubrí la crónica leyendo A Sangre Fría en clases de redacción, las historias de Martín Caparrós en la clase de Antropología y las vivencias maricuecas de Lemebel en la especialización de Cultura. Luego, seguir a ciegas pero con esperanza las huellas hacia el patíbulo de Julius Fučík (que no dejó de escribir hasta el día en que los nazis lo colgaron de la horca), la matanza del seguro obrero según el patasdeperro de Carlos Droguett, la bomba atómica polifónica y coral de John Hersey, el náufrago colombiano y Miguel Littin clandestino en Chile según García Márquez, las desgarradoras cartas a sus amigos montoneros, a su hija montonera asesinada, que escribió Rodolfo Walsh, las historias radiofónicas recolectadas por el gringo Paul Auster. Un inspirador y hediondo a testosterona panel de hombres. Hasta que Svetlana Aléxievich gana el Premio Nobel. Y aprendo que crónica también es arder en preguntas para tu abuela.
Mis maestros directos: Juan Pablo Meneses. En 2014 participé de un taller de crónica con él en la Biblioteca Nacional. Ahí conocí a Paulina Flores y a Cristóbal Gaete. Éramos tan jóvenes, éramos doce años atrás. Meneses me muestra el trabajo de Gabriela Wiener, de Alma Guillermo Prieto, de Leila Guerriero. Y ellas me llevan a Hebe Uhart, a Mariana Enríquez. Tomo un taller con la argentina Josefina Licitra en Santiago y en el delirio escritural postulo a un taller de la Fundación Para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, la escuela donde todos los periodistas jóvenes latinoamericanos queremos estudiar. Me aceptan, me voy a Nicaragua a un taller con Alberto Salcedo Ramos. En Managua llueve largo y con calor, no hay transporte público de noche, aprendo nuevas formas de transpirar. En una semana me voy a reportear a la selva una historia que nunca logro concluir, me compro la poesía completa de Rubén Darío y un libro de Gioconda Belli que ella me firma en persona sin yo tener idea de la autoraza guerrillera que tenía en frente. El viaje lo corona una cena en casa del cuiquísmo Sergio Ramírez donde termino tomándome una foto con Ernesto Cardenal.
Como cronista, en ese entonces, escribo incendiarias columnas, que se publican en Noesnalaferia, un blog inventado por periodistas de la Chile. Cumplo mi sueño de colaborar en The Clinic, una revista donde escribe gente que me gusta leer. Me publican entrevistas y notas breves. Más tarde, trabajo un año en una crónica que obtiene un premio latinoamericano y con la que estoy bastante satisfecha. Luego me voy a Arica y a la selva peruana a perseguir otra historia que si bien termino nunca logro publicar. Lo bueno es que en Perú descubro al Inca Garcilazo de la Vega y a Poma de Ayala Felipe Guaman.
Conclusiones: Periodismo y crónica no son lo mismo. Como son distintos escribir que ser poeta. Escribir bien lo puede hacer cualquiera, la poesía, gentecita, eso se entrena leyendo, se cultiva escribiendo, se cosecha batallando. Cuando la poesía te cuenta una historia larga basada en datos duros, eso es la crónica, eso es literatura de no ficción. Eso es Los Fusileros, de Juan Cristóbal Peña. Eso es Chicas muertas, de Selva Almada. Eso es El empampado Riquelme, de Francisco Mouat.
García Márquez dijo que la crónica es un cuento que pasó de verdad. John Lee Anderson, que escribir crónica es como componer una sinfonía fantástica. Leila Guerriero, que una crónica es un documental hecho con palabras. Federico Bianchini, que el cronista trabaja con el lenguaje para que el lector no vea letras sobre el papel sino personajes actuando. Y alguien que no recuerdo, que la crónica se alimenta de las corrientes subterráneas de la ficción. Tomar todas las estrategias narrativas que hemos conversado en el taller y aplicarlas para relatar una anécdota factual.
No hay comentarios:
Publicar un comentario