lunes, 16 de febrero de 2026

Ser periodista no es ser escritor

Zambra dice que es escritor el que escribe, como asesino es el que mata. Bolaño, que escribir es como un torrente que te vuelve loco, que te posee y necesitas vomitar para mantener la cordura. A mí me pasan las dos cosas, pero jamás estaría a la altura de ninguno de los dos. No soy tan punk, no pienso tan bien, no he leído lo suficiente.


Anoche pensaba que ya son diez años escribiendo. A los 18 tomé esos talleres de la Zona de Contacto, ahí también empecé un blog y a escribir. Mal, con faltas de ortografía y sin ritmo, pero escribía. Quizá mucho más que ahora. A la fecha, yo creo que he escrito como trescientos textos. De esos, cien artículos han sido públicos. No sé si ese número es mucho o poco, más allá de la cantidad, con la calidad no estoy nada conforme. No me enorgullezco de más de diez textos. Los demás, me parecen vómitos sin filtro y con una voz que ya no es la mía.

A veces releo cosas que escribí hace apenas un año y no me reconozco. Escribía mucho peor, con una voz más odiosa, más cursi. Más mala, al final.

Anoche, también pensaba que ser periodista no es ser escritor. Trabajar en emol o en una agencia de noticias y escribir usando moldes previos y siguiendo la corriente y la costumbre de cómo se hacen las cosas en las salas de prensa no te convierte para nada en escritor. Mucho menos hacer críticas musicales a eventos, tratando de emular un tonito de periodismo gonzo, diciendo malas palabras y siendo picao a gringo. Escribir sobre cosas "cool" no garantiza que el periodista lo sea. Mucho menos garantiza que escriba bien.

Alguna vez caí en lo mismo y escribí pura mierda suponiendo que era buena mierda. Ya no podría hacer lo mismo. No rescato lo que hice en la Zona, ni lo que envié a blogs durante el 2012. Algunas cosas de Noesnalaferia sí destaco, como la lista de música pop que habla de la lucha de clases -uno de mis textos favoritos de la vida-, el texto de los peruanos y la carta al facho pobre, aunque este último más por lo que ha pasado alrededor del texto que por lo que él significa en realidad. También me gusta el tirón de orejas a los community managers que publiqué en El Quinto Poder.

De la vida de periodista, los únicos textos que me enorgullecen son los tres que publiqué en The Clinic papel. La historia del colombiano fanático de Chile, la del muñeco de Chávez y la entrevista a Hernán Miranda. Aunque son pocos textos, refleja un estilo que me gustaría defender: la historia excepción, atemporal y no masiva. Creo que es mucho más fácil entrevistar al personaje del momento y golpear por el marco de la agenda, que encontrar una historia nueva e inesperada. Caparrós decía que el buen escritor era ese que encontraba historias en la cuadra donde vivía. Me gusta pensar eso.

A mí nunca se me ha hecho fácil escribir. Me cuesta un mundo organizar las ideas y a veces he escrito mamarrachos que no son dignos de publicar ni siquiera en mi propio blog. Pero hago el intento. Aunque se me hace difícil, me gusta y hay veces en que no descanso hasta que no escribo ideas que me persiguen. Malas ideas en malos textos que después de haberlos escrito me hacen sentir muy bien.

Lo charcha de toda esta reflexión es que en diez años apenas he escrito diez textos realmente buenos. Eso es un poco deprimente. Lo que sí es feliz es que noto una evolución, una mejora. Dicen que Borges escribió sus mejores textos en la adultez y que Bukowski no publicó poesía hasta los 40 años. Quizá la literatura -en su amplio sentido- no es como las matemáticas, donde las mentes jóvenes son las que hacen los descubrimientos más brillantes. Escribir es, probablemente, una tarea de largo aliento, que necesita experiencia y muchos tropezones para salir bien. Muchos tropezones y mucha lectura, también.

Del blog viejo, 16 de febrero de 2014

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