miércoles, 28 de mayo de 2014
Nicanor Parra: jóvenes, escriban
martes, 27 de mayo de 2014
Escribe como si te fueran a matar mañana
Le preguntan a Juan Radrigán si piensa en sus lectores cuando escribe, y él dice:
"No me pregunto si le va a gustar o no, porque si fuera así, entonces no podría escribir. Y la escritura tiene que ser sin trabas. Por eso yo le digo a mis alumnos que escriban como si los fueran a matar mañana, o sea, sin temor a nada y con completa libertad. Si los fueran realmente a matar ¿qué van a perder? y es así como creo yo que se tiene que escribir".
Escribe como si te fueran a fusilar mañana, sin miedo a dar explicaciones después, sin miedo al qué dirán porque siempre alguien dirá algo malo. Escribe como si fuera el último día de tu vida, escupiendo todo, sin guardarte ningún pensamiento. Cuando escribas, desgárrate, sácate las tripas en el papel, entrégalo todo como si no hubiera otro momento para hacerlo. Escribir sólo vale la pena cuando se hace desde el desangramiento. Si no hay rock, si no hay épica, entonces no hay nada que decir, no hay razón para escribir. El que tiene miedo que se dedique a otra cosa.
Sólo me he desgarrado dos veces.
Aquí (Cuarto Medio).
Y aquí (Carta a un facho pobre).
Eso sería lo más verdadero, hasta ahora. Todavía puedo desgarrarme mucho más.
sábado, 17 de mayo de 2014
Díganme que escribo bien
Hace diez años que salí del colegio, del mismo colegio de Cuarto Medio. Es curioso que cuando se cumple una década, ese colegio empieza a salir en la tele. Me ha servido para reflexionar caleta sobre las diferencias entre las arolas del 2004 y la del 2014. En diez años han pasado ene cosas.
Si alguien ve Cuarto Medio, puede ver a la legua que se trata de un colegio en el que estudian jóvenes con la pobreza material y cultural en contra, pero con harta garra y agallas. Yo era matea y lo matea me llevó a la universidad y ahora a hacer un magíster. Yo creo que ése es mi único mérito, lo demás es conspiración del contexto: tener un papá que, aunque separado de mi mamá, siempre me apoyó con plata; tener una mamá que todos los días me dijo que tenía que ir a la universidad; tener antecedentes en la familia de lo distinta que era la vida entre tener un título universitario y no tenerlo.
Además de todo eso, lo que me "salvó" -odio cómo suena eso- fue El Mercurio. Es raro decirlo, pero es cierto. Cuando salí de cuarto medio y el puntaje no me alcanzó para una carrera y una universidad que me convencieran, hice preu un año completo. Mi mamá me tenía paciencia, pero mi papá siempre fue como frío -hasta ahora lo es- con todo lo que respecta a mis logros, metas o proyectos. En paralelo, mi vida era más bien fome: mi mamá trabajaba todo el día y mi única utilidad era hacer el aseo en mi casa y cuidar a mis hermanos chicos. Siempre fui matea y me sacaba buenas notas, pero nunca me destacaron un talento particular, salvo limpiar bien la cocina.
En eso estaba cuando escribí un texto para postular a los talleres de la Zona de Contacto. Cuando quedé y cuando el editor me dijo que escribía bien y que por eso estaba allí me di cuenta de que servía para algo. Ir a esos talleres y sentirme valorada por un editor fue un salvavidas, una mano amiga, un puente a otra cosa y todas esas metáforas cursis y repetidas. Por fin alguien me decía que servía para algo específico. Desde ese momento, a mediados del 2005, me obsesioné con una única idea: quiero escribir bien. Quiero que cuando alguien piense en mí, piense en alguien que escribe bien. La idea me acompaña siempre, la pienso todos los días. Si hay algo que deseo que la gente piense sobre mí es eso: que escribo la raja, que tengo una muy buena pluma.
Hasta ahora, me he esmerado en pulir ese estilo, trato de leer mucho y de escribir más. La práctica hace al maestro, dicen. Pero me falta. Siempre que pienso que llegué a un buen nivel me doy cuenta de que todavía necesito seguir aprendiendo. Pero los elogios me mantienen viva. No hay nada que me haga más feliz que leer comentarios como "excelente redacción. Te agradezco la buena pluma, cada vez más difícil de encontrar en los blogs" o "Tienes una gran pluma y te digo que soy una lectora compulsiva de columnas". De verdad, la persona que me diga que escribo bien se gana toda mi simpatía, aprecio y afecto.
Mi talón de quiles es que me digan que escribo bien. Díganmelo y me entregaré como una gatita sumisa.
lunes, 14 de abril de 2014
Quiero escribir un cuento
sábado, 1 de marzo de 2014
Escribiendo como lo hacen todos puro se hace girar la rueda
Hoy fui a una especie de taller o charla de guión de cuentos cortos. Lo organizaba Plagio, los del Santiago en 100 palabras, y fui porque hace rato que siento la necesidad de aprender estructura para escribir. Tengo una deuda ahí.
Tenía miedo de que el taller fuera un espacio de encuentro de "escritores" frustrados, que se reúnen en grupos literarios que más parecen grupos de autoayuda. Y aunque un par de personas hicieron comentarios que me parecieron bobos o ingenuos, las dos horas que duró la clase anduvieron bastante bien.
El taller lo impartía Patricio Jara, del que nunca había escuchado, pero que agradezco haber conocido. Era simpático y enseñó la estructura y algunas técnicas del cuento breve a partir de la exposición de muy buenos ejemplos. Este periodista y escritor tiene buen gusto de lector y pudo transmitir eso en el encuentro. Descubrí nuevos narradores y leí hartos cuentos que agradezco haber encontrado. En ese sentido fue pura ganancia. Lo otro es que sus "tips" o consejos también me parecieron útiles. Cosas como la diferencia entre trama y argumento o la importancia de decidir el tipo de voz, el tiempo de la narración, etc, que van más allá de la teoría, sino que ayudan a organizar el producto final. Súper bacán.
Los comentarios que me parecieron ingenuos fueron cosas como "¿nos puedes dar tips de lo que el jurado quiere leer? Llevo siete años participando y nunca he ganado nada". Loco, por qué vai a escribir pensando que querís ganar un premio. Eso Bolaño nomás lo hizo, y porque era un monstruo. El profe respondió, algo que comparto, que el ejercicio de la escritura es por diversión, por la necesidad de contar algo, para poner en otro lenguaje una idea que te persigue. Si escribes algo y no recibes premios por eso y decides tirar la toalla, qué charcha eres. Qué poco honesto con la literatura es escribir para ganar premios.
Lo otro que no compartí es que varia gente dijo cosas como "yo escribo porque me desahogo, porque es un ejercicio catártico, porque me encuentro con mi yo" y otras cosas como de Marcela Serrano. Pucha, yo pienso todo lo contrario. Sí, lo paso bien escribiendo -ahora mismo me siento la raja- pero en realidad no sé si lo disfruto tanto. En verdad sufro, sudo, me duele la cabeza, me agarro la frente a dos manos calculando y escogiendo las palabras que mejor digan lo que quiero expresar. Es un ejercicio doloroso, como de entrenamiento del gimnasio. Hay que entrenar para que salga bien, caerse y pifiarse, pero con el tiempo se refina. Al menos eso creo. Al menos eso noto cuando leo cosas feas que escribí hace diez años. Aún así, falta mucho. Es tan perfectible como disciplina que no entiendo a esas señoras que dicen que lo hacen por hobbie. Para mí escribir no es como leer o ver una película. Lo primero me adolece, lo segundo me relaja.
Capaz que yo esté mal y esté sufriendo por las puras. En fin, eso fue el taller. Quedé pensando que me gustaría hacer uno en serio. Así como con Zambra o con este mismo chiquillo Jara. Después de todo, mi objetivo es ése: escribir cada vez mejor, aportarle al periodismo con un poco de literatura, salir de la plantilla fome del comunicado de prensa. Escribiendo como lo hacen todos puro se hace girar la rueda y no pasa nada nuevo. Y eso, en cualquier disciplina, es muy fome.