lunes, 14 de abril de 2014
Quiero escribir un cuento
sábado, 1 de marzo de 2014
Escribiendo como lo hacen todos puro se hace girar la rueda
Hoy fui a una especie de taller o charla de guión de cuentos cortos. Lo organizaba Plagio, los del Santiago en 100 palabras, y fui porque hace rato que siento la necesidad de aprender estructura para escribir. Tengo una deuda ahí.
Tenía miedo de que el taller fuera un espacio de encuentro de "escritores" frustrados, que se reúnen en grupos literarios que más parecen grupos de autoayuda. Y aunque un par de personas hicieron comentarios que me parecieron bobos o ingenuos, las dos horas que duró la clase anduvieron bastante bien.
El taller lo impartía Patricio Jara, del que nunca había escuchado, pero que agradezco haber conocido. Era simpático y enseñó la estructura y algunas técnicas del cuento breve a partir de la exposición de muy buenos ejemplos. Este periodista y escritor tiene buen gusto de lector y pudo transmitir eso en el encuentro. Descubrí nuevos narradores y leí hartos cuentos que agradezco haber encontrado. En ese sentido fue pura ganancia. Lo otro es que sus "tips" o consejos también me parecieron útiles. Cosas como la diferencia entre trama y argumento o la importancia de decidir el tipo de voz, el tiempo de la narración, etc, que van más allá de la teoría, sino que ayudan a organizar el producto final. Súper bacán.
Los comentarios que me parecieron ingenuos fueron cosas como "¿nos puedes dar tips de lo que el jurado quiere leer? Llevo siete años participando y nunca he ganado nada". Loco, por qué vai a escribir pensando que querís ganar un premio. Eso Bolaño nomás lo hizo, y porque era un monstruo. El profe respondió, algo que comparto, que el ejercicio de la escritura es por diversión, por la necesidad de contar algo, para poner en otro lenguaje una idea que te persigue. Si escribes algo y no recibes premios por eso y decides tirar la toalla, qué charcha eres. Qué poco honesto con la literatura es escribir para ganar premios.
Lo otro que no compartí es que varia gente dijo cosas como "yo escribo porque me desahogo, porque es un ejercicio catártico, porque me encuentro con mi yo" y otras cosas como de Marcela Serrano. Pucha, yo pienso todo lo contrario. Sí, lo paso bien escribiendo -ahora mismo me siento la raja- pero en realidad no sé si lo disfruto tanto. En verdad sufro, sudo, me duele la cabeza, me agarro la frente a dos manos calculando y escogiendo las palabras que mejor digan lo que quiero expresar. Es un ejercicio doloroso, como de entrenamiento del gimnasio. Hay que entrenar para que salga bien, caerse y pifiarse, pero con el tiempo se refina. Al menos eso creo. Al menos eso noto cuando leo cosas feas que escribí hace diez años. Aún así, falta mucho. Es tan perfectible como disciplina que no entiendo a esas señoras que dicen que lo hacen por hobbie. Para mí escribir no es como leer o ver una película. Lo primero me adolece, lo segundo me relaja.
Capaz que yo esté mal y esté sufriendo por las puras. En fin, eso fue el taller. Quedé pensando que me gustaría hacer uno en serio. Así como con Zambra o con este mismo chiquillo Jara. Después de todo, mi objetivo es ése: escribir cada vez mejor, aportarle al periodismo con un poco de literatura, salir de la plantilla fome del comunicado de prensa. Escribiendo como lo hacen todos puro se hace girar la rueda y no pasa nada nuevo. Y eso, en cualquier disciplina, es muy fome.
jueves, 20 de febrero de 2014
He leído una cantidad vergozosa de libros
domingo, 13 de octubre de 2013
Mucho Nietzsche, mucho bajón teórico
lunes, 23 de septiembre de 2013
Algo anda mal en mí
Pájaros y caligrafía
Hay dos cosas que me sorprenden del mundo. Una, que no importa con qué escribas, sea un lápiz, una ramita de árbol o con tu dedo en un vidrio empañado; la forma de la letra que surja de tu mano siempre será igual. La caligrafía viene de la cabeza y no de la mano que empuña. Dos, que los bosques de las ciudades se construyen, los árboles llegan porque una persona los plantó allí; con la arboleda instalada, llegan los pájaros, sin que nadie los tenga que comprar para colocarlos en la ciudad. Los pajaritos se plantan solos, para mí, ésa es la definición misma de libertad.
miércoles, 7 de agosto de 2013
Ernesto Cardenal, Epigramas
Se me apareció Ernesto Cardenal, como se me han ido apareciendo otras cosas, como el Abbey Road en cassette pirata botado en la calle y los libros de Anthony Brown en la biblioteca de mi colegio flaite.
Yo soy una chiquilla muy ignorante, que no sabe muchas cosas, entonces digamos que nunca he sido culta, lo que sé es porque se me aparece. Luego de la aparición, viene la afección. Porque hay cosas que se aparecen para que una las quiera. Esta semana se me apareció Ernesto Cardenal.
Estaba en la casa de los papás de Víctor, que es la primera casa que conocí que tuviera libros y muertos, como diría Alejandro Zambra. Agarré de la biblioteca una edición de esos libros chicos como de feria artesanal y era Ernesto Cardenal, que físicamente es un retrato del Che Guevara si hubiera llegado a viejo.Eran sus epigramas, sus poemas picaos a piropos para chiquillas latinoamericanas.
De todos los poemas, me gustaron tres: uno que es como de la rabia política y el despecho amoroso (la mayoría son así, pero ahora lo pego acá abajo y me van a entender), otro que decía algo que yo había pensado, pero no tan bonito, que es que en vez de matar a los subversivos y enterrarlos para siempre, lo que hicieron los dictadores latinoamericanos fue enterrar una semilla. Imagen más linda por la chucha. El otro no me acuerdo cuál es, pero también era bonito.
Un bacán Ernesto Cardenal. Regálenme libros de él.